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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 05 de septiembre de 2016

Lunes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160905
Carta I de San Pablo a los Corintios 5,1-8. 
Es cosa pública que se cometen entre ustedes actos deshonestos, como no se encuentran ni siquiera entre los paganos, ¡a tal extremo que uno convive con la mujer de su padre!
¡Y todavía se enorgullecen, en lugar de estar de duelo para que se expulse al que cometió esa acción!
En lo que a mí respecta, estando ausente con el cuerpo pero presente con el espíritu, ya lo he juzgado, como si yo mismo estuviera allí.
Es necesario que ustedes y yo nos reunamos espiritualmente, en el nombre y con el poder de nuestro Señor Jesús,
para que este hombre sea entregado a Satanás: así se perderá su carne, pero se salvará su espíritu en el Día del Señor.
¡No es como para gloriarse! ¿No saben que «un poco de levadura hace fermentar toda la masa»?
Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.
Salmo 5,5-6.7.12. 
Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.
Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!
Así se alegrarán los que en ti se refugian
y siempre cantarán jubilosos;
tú proteges a los que aman tu Nombre,
y ellos se llenarán de gozo.
Evangelio según San Lucas 6,6-11. 
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y quédate de pie delante de todos». El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?».
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Comentario del Evangelio por San Elredo de Rieval (1110-1167), monje cisterciense. El Espejo de la caridad, III 3-6.
Entrar en la verdadera paz del “sábado”
Cuando el hombre, apartándose del bullicio exterior, se ha recogido en el secreto de su corazón, ha cerrado la puerta a la muchedumbre ruidosa de las vanidades…, cuando en él no queda nada de agitación ni de desordenado, nada que le atraiga, nada que le atenace…, está en la gozosa celebración de un primer “sábado”… Pero se puede salir de esta cámara íntima en la que se alberga su corazón…, para entrar en el descanso gozoso y pacífico de la dulzura del amor fraterno. Está en el segundo “sábado”, el de la caridad fraterna…
Una vez purificado por estas dos formas de amor [a sí misma y a su prójimo], el alma aspira tanto más ardientemente los gozos del abrazo divino cuanto más asegurada está. Ardiendo en un deseo extremo, su mirada va más allá del velo de la carne y, entrando en el santuario (Hb 10,20) en que Cristo es espíritu ante su rostro, queda totalmente absorbida por una luz indecible y de dulzura no habitual. Habiéndose hecho el silencio en relación a todo lo que es corporal, sensible, cambiante, con una mirada penetrante se fija en Lo que Es, Lo que siempre permanece, idéntico a sí mismo, Lo que es Uno. Libre para ver que el mismo Señor es Dios (Sl 45,11), celebra sin ninguna duda el “sábado de los sábados” en los dulces abrazos de la misma Caridad.

Homilía para la Eucaristía del Domingo 04 de Septiembre de 2016

Demos gracias a Dios por el don de la creación. También algunos debemos dar gracias a Dios por haber pasado Agosto. Un abrazo a todos. Hno. Pastor.

DOMINGO XXIII.

Sabiduría 9,13-18: texto entresacado de la Oración para obtener la Sabiduría. Es difícil conocer lo que Dios quiere si no se tiene la Sabiduría que Dios da.

Lucas 14,25-33: la necesidad del desprendimiento. Se plantea aquí la voluntad de renunciamiento para seguir al Señor.

1.- Otra vez se nos habla del discipulado. El domingo pasado la Palabra nos mostraba cómo vivir el discipulado en el Reino: con humildad y gratuidad. No olvidemos la parábola del Banquete; no hay que ocupar los primeros puestos e invitar a los que no pueden pagar.

Si el discípulo es el que escucha al Señor también hay que agregar que el discípulo es el que es capaz de afrontar las renuncias exigidas por el Señor. Las renuncias están planteadas con frases que suenan muy duras a nuestros oídos: amar al Señor más que a nuestros seres queridos, cargar con el oprobio y sufrimiento que supone el seguir a Jesús. Frases que indican que hay que asumir lo que Jesús está exigiendo a sus seguidores. Todo esto está indicando a mi entender dos cosas:

Uno, no es posible asumir las exigencias de Jesús si no se tiene la Sabiduría del Señor, como lo sugiere la primera lectura. Una sabiduría puramente humana imposibilita entender lo que el Señor exige a sus seguidores.

Dos, esta decisión de seguir al Señor implica un discernimiento serio.

2.- Ya se ha hablado en otros momentos de la Sabiduría que hay que tener para ser discípulo; sabiduría que genera una nueva mentalidad, la mentalidad del ser y no del tener (recordemos lo que nos hablaba el Señor en la parábola del hombre rico que quiso construir  graneros más grandes).

Hoy se nos habla también de la necesidad del discernimiento. Porque la decisión de seguir al Señor es tan importante que no hay que tomarla a la ligera, dejándose llevar por entusiasmos esporádicos o compromisos pasajeros, sin medir las reales consecuencias de seguir a Jesús. El que se dispone a ser discípulo del Señor debe pensarlo muy bien y ver si está dispuesto a seguirlo a tiempo completo o parcial.

Aquí no bastan los entusiasmos pasajeros o los simples sentimientos.

3.- Hoy día vivimos una cultura más de sentimientos, de piel.  No quiere decir esto que estemos mirando en menos este aspecto de la vida humana. Pero la vida es sentimiento, razón y voluntad. Es ternura y vigor. Como ya se ha dicho en otras oportunidades, en la vida hay que saber optar. Sólo el que capta la Sabiduría de Dios, que es la de la cruz, es capaz de tomar decisiones de por vida.

Hoy existe una generación que no ha sabido discernir, no sabe optar profundamente, se deja llevar por un entusiasmo pasajero. Hay cristianos que lo son a ratos, religiosos que abandonan su estado religioso al poco tiempo de emitir sus votos; sacerdotes que abandonan el ministerio al poco tiempo de haber sido ordenados. Y así podríamos seguir poniendo ejemplos.

No debemos olvidar que el cristiano de verdad es aquel que asume una radicalidad evangélica (no un fanatismo) que le llevará a realizar rupturas significativas en  su vida de fe.

4.- Hoy el Señor nos vuelve a recordar algo que hoy hace falta vivir: una fe madura, decidida.

Hoy vivimos en una cultura líquida, es decir, todo es inestable, todo es desechable, todo cambia. En un contexto de inestabilidad debemos decir con el salmista: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría”.  Tú has sido nuestro refugio, Señor. En El encontramos estabilidad, solidez que nos hace falta para seguir decididamente al Señor.

El encuentro con el Señor es el que provocará una decisión madura apara seguirle.

                                                           Hermano Pastor Salvo Beas. 

 

Comentario al evangelio de hoy viernes 02 de septiembre de 2016

Los discípulos de Jesús y el ayuno
Parábolas
Tiempo Ordinario. 
De qué nos sirve ayunar, rezar mucho, si no está presente Cristo en nuestra vida diaria.
Por: P . Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/6210/los-discpulos-de-jess-y-el-ayuno.html

Del santo Evangelio según san Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo los escribas y fariseos le dijeron a Jesús: Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben. Jesús les dijo: ¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días. Les dijo también una parábola: Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los odres se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: El añejo es el bueno.
Oración introductoria
Señor Dios, aparta de mi oración esa actitud farisaica que me impide ver las maravillas de las inspiraciones de tu Espíritu Santo. Soy culpable de ese juicio severo que tiende a ver solo lo negativo. La oración es un don tuyo, concédemelo. Dame la gracia de orar con un corazón contrito que auténticamente busque renovarse espiritualmente.
Petición
Te pido el don de la humildad, para disponerme a recibir gratuitamente el don de la oración.
Meditación del Papa Francisco
La libertad cristiana está en la docilidad a la Palabra de Dios. Debemos estar siempre preparados a acoger la «novedad» del Evangelio y las «sorpresas de Dios». La Palabra de Dios, que es viva y eficaz, discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón. Y para acoger verdaderamente la Palabra de Dios, hay que tener una actitud de «docilidad».
La Palabra de Dios es viva y por eso viene y dice lo que quiere decir: no lo que yo espero que diga o lo que me gustaría que dijera. Es una Palabra libre y también un sorpresa porque nuestro Dios es un Dios de las sorpresas.
La libertad cristiana y la obediencia cristiana son docilidad a la Palabra de Dios, y hay que tener esa valentía de convertirse en odres nuevos, para este vino nuevo que viene continuamente. Esta valentía de discernir siempre: discernir, digo, no relativizar. Discernir siempre qué hace el Espíritu en mi corazón, qué quiere el Espíritu en mi corazón, dónde me lleva el Espíritu en mi corazón. Y obedecer. Discernir y obedecer. Pidamos hoy la gracia de la docilidad a la Palabra de Dios, a esta Palabra de Dios, y esta Palabra que es viva y eficaz, que discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de enero de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
Todos deseamos momentos para estar con las personas o la persona que nos cae bien, que estimamos, que amamos. Entre amigos, el novio con la novia o entre esposos. Y cuando alguien viene a arrebatarnos esos momentos más los anhelamos y más deseamos que vengan.
A los apóstoles les sucede algo semejante en este evangelio porque los fariseos, no sabiendo ya por donde fastidiar, pretenden hacer ver a Jesús que los suyos no se comportan como los discípulos de Juan que ayunan y rezan mucho. Pero perfectamente podríamos haberles dicho a los fariseos aquella frase de san Agustín que dice: «teme a la gracia de Dios que pasa y no vuelve». Y los apóstoles preferían disfrutar de la compañía del Mesías que ayunar y estar lejos de Él. O también les podríamos haber respondido con la misma frase que Jesús le dijo a la mujer de Betania: «Marta, Marta muchas cosas te preocupan pero una sola es importante y María ha elegido la mejor», que fue la de sentarse a sus pies.
He aquí por tanto la clave de este evangelio, la presencia de Cristo en nuestra vida. De qué nos sirve ayunar, rezar mucho, hacer penitencia si a la hora de la hora no acompañamos a Cristo donde realmente está que es en la Eucaristía.
Estaríamos ayunando y rezando por deporte. Por ello, si hasta ahora nuestros rezos o ayunos son sin una presencia de Cristo dominical o más frecuente pensemos que estamos desaprovechando la verdadera gracia de Dios para nuestra alma, que es la de estar cerca de Él.
Petición
Señor, que aprenda a olvidarme de mí, para escucharte y entender Tu Voluntad. El ayuno no es sólo algo externo como lo veían los fariseos. El ayuno va al interior del hombre. Consiste en cumplir lo que Tú me pides y amarte con todo el corazón.

EDD. viernes 02 de septiembre de 2016 . –

Viernes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160901


Carta I de San Pablo a los Corintios 4,1-5.
Hermanos:
Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel.
En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo.
Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor.
Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.
Salmo 37(36),3-4.5-6.27-28.39-40.
Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
Encomienda tu suerte al Señor,
confía en él, y él hará su obra;
hará brillar tu justicia como el sol
y tu derecho, como la luz del mediodía.
Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.
Los impíos serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada,
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.
Evangelio según San Lucas 5,33-39.
En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben».
Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?
Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar».
Les hizo además esta comparación: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más.
¡A vino nuevo, odres nuevos!
Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor».

Comentario del Evangelio por  San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia. Sermón sobre el Cantar de los Cantares, nº 83.
«El Esposo está con ellos»
Entre todos los movimientos del alma, sus sentimientos y afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador, si no de igual a igual, por lo menos de semejante a semejante… El amor del Esposo, o mejor dicho, el Esposo que es Amor no pide otra cosa sino amor recíproco y fidelidad. Que le sea posible a la esposa devolver amor por amor. ¿Cómo no amará siendo esposa y esposa del Amor? ¿Cómo no será amado el Amor? Ella pues, tiene razón al renunciar a cualquier otro afecto para poder consagrarse totalmente al amor, puesto que se le da la posibilidad de corresponder al Amor con un amor recíproco.
Pero, aunque ella se fundiera toda entera en amor ¿qué sería esto comparado con el torrente de amor eterno que brota de la misma fuente? La oleada que fluye de la que ama no es tan abundante como la que fluye del Amor, la del alma como la del Verbo, la de la esposa como la del Esposo, la de la criatura como la del Creador; la abundancia no es la misma la de la fuente que la del que viene a beber… Así pues, ¿los suspiros de la esposa, su amoroso fervor, su espera llena de confianza, todo ello será en vano porque en la carrera no puede rivalizar con el campeón (Sl 18,6), ni ser tan dulce como la misma miel, ni tan tierna como el cordero, ni tan blanca como el lirio, luminosa como el sol, e igual en amor a aquel que es el Amor? No. Porque si bien es verdad que la criatura, en la medida en que es inferior al Creador, ama menos que él, puede amarle con todo su ser, y nada falta allí donde hay totalidad…
Este es el amor puro y desinteresado, el amor más delicado, tan apacible como sincero, mutuo, íntimo, fuerte, que une a los dos amantes no en una sola carne sino en un solo espíritu, de manera que ya no son dos sino uno solo, según dice san Pablo: «El que se une al Señor es un espíritu con él» (1C 6,17).

Padre Cantalamessa : Dios no ha proyectado la creación como si fuera un reloj o un ordenador

Los creyentes deben “ser la voz no solo de las criaturas inanimadas, sino también de nuestros hermanos que non tienen la gracia de la fe”.
https://es.zenit.org/articles/padre-cantalamessa-dios-no-ha-proyectado-la-creacion-como-si-fuera-un-reloj-o-un-ordenador/

Padre Raniero Cantalamessa - CTV

Padre Raniero Cantalamessa – CTV

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- Hoy, 1 de septiembre, se celebra la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, instituida por el papa Francisco en el año 2015. Con esta motivo, el Santo Padre ha presidido esta tarde la oración de las vísperas en la Basílica de San Pedro.
El encargado de la predicación ha sido el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la casa pontificia. De este modo, ha asegurado que el “pensamiento cristiano no ha dejado nunca de preguntarse sobre el porqué de esta trascendencia del hombre respecto al resto de la creación” y la ha encontrado siempre “en la afirmación bíblica que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios”. Y ha explicado que el hombre está creado a imagen de Dios, en el sentido de que participa en la íntima esencia de Dios que es ser relacional de amor entre Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Por otro lado, ha precisado que la soberanía del hombre en el cosmos no es un triunfalismo de especie, sino “asunción de responsabilidad hacia los débiles, los pobres, los indefensos”. El Dios de la Biblia –pero también de otras religiones– es un Dios “que escucha el grito de los pobres”, que “tiene piedad del débil y del pobre”, que “defiende la causa de los miserables”, que “hace justicia con los oprimidos”, que “no desprecia nada de lo que ha creado”.
También ha observado que “la encarnación del Verbo ha aportado una razón más para cuidar al débil y el pobre, de cualquier raza o religión”.
El padre Cantalamessa ha asegurado que hay una verdad, el hecho de que “no somos dueños de la tierra”, que se nos recuerda bruscamente con eventos como el terrible terremoto de la semana pasada, sucedido en Italia. Y en estas situaciones surge la pregunta “¿dónde estaba Dios?”. Por eso ha pedido no cometer el error de pensar que tenemos la respuesta para esta pregunta. “Lloremos con quien llora, como hacía Jesús delante del dolor de la viuda de Naín o de las hermanas de Lázaro”. Aunque, ha reconocido, la fe sí nos permite decir algo. “Dios no ha proyectado la creación como si fuera un reloj o un ordenador, donde todo está programado desde el inicio con todo detalle, excepto las actualizaciones periódicas”, ha asegurado el predicador de la casa pontificia. De este modo, ha indicado que por analogía con el hombre, podemos hablar de una especie de “libertad” que Dios ha dado a la materia de desarrollarse según leyes propias. A la pregunta ¿dónde estaba Dios la noche del 23 de agosto?, el creyente no dude en responder con toda humildad: “estaba allí sufriendo con sus criaturas y acogiendo en su paz a las víctimas que llamaban a la puerta de su paraíso”.
El padre Cantalamessa ha hablado también de la doxología, es decir, la glorificación de Dios por la creación. Y así, ha señalado que “una ecología sin doxología hace opaco al universo, como un inmenso mapamundi de cristal sin la luz que debería iluminarlo por dentro”.
Asimismo, ha indicado que los creyentes deben “ser la voz no solo de las criaturas inanimadas, sino también de nuestros hermanos que non tienen la gracia de la fe”.
Finalmente, el predicador ha reconocido que si Francisco de Asís tiene algo que decir todavía hoy respecto a la ecología, es esto. “Él no reza ‘por’ la creación, por su cuidado, reza ‘con’ la creación, o ‘a causa de la creación’, o incluso ‘por motivo de la creación’”.

El Papa propone el cuidado de la creación como obra de misericordia

En su mensaje por la Jornada mundial de oración para el cuidado de la creación, Francisco indica que “no podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas”
https://es.zenit.org/articles/el-papa-propone-el-cuidado-de-la-creacion-como-obra-de-misericordia/
Arboles y ocaso (Foto ZENIT cc)

Arboles y ocaso (Foto ZENIT cc)

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco propone un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común. Así, explica que como obra de misericordia espiritual, el cuidado de la casa común precisa de la contemplación agradecida del mundo que nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir. Como obra de misericordia corporal, el cuidado de la casa común, necesita simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor.
La propuesta la ha hecho en su mensaje con ocasión de la Jornada mundial de oración para el cuidado de la creación, que se celebra hoy 1 de septiembre, y lleva por tema este año “Usemos misericordia hace nuestra casa común”.
Tal y como explica el Santo Padre en el mensaje, la Iglesia católica celebra esta Jornada en unión con los hermanos y hermanas ortodoxos, y con la adhesión de otras Iglesias y comunidades cristianas. Y precisa que la jornada pretende ofrecer “una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación”, elevando a Dios “una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado”.
Asimismo, el Pontífice asegura que debe ser motivo de alegría que, en todo el mundo, hay iniciativas que promueven la justicia ambiental, la solicitud hacia los pobres y el compromiso responsable con la sociedad, “están fomentando el encuentro entre personas, sobre todo jóvenes, de diversos contextos religiosos”.
Por otro lado, el Santo Padre subraya que “no podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas, a menudo provocados por nuestros comportamientos irresponsables y egoístas”.
En esta línea advierte de que el planeta continúa calentándose, en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más. Y así, añade que los pobre del mundo, que son los menos responsables de los cambios climáticos, “son los más vulnerables y sufren ya los efectos”. Además, el Santo Padre reconoce que “cuando maltratamos la naturaleza, maltratamos también a los seres humanos”.
En el mensaje, el Papa explica que Dios “nos ha dado la tierra para cultivarla y guardarla con respeto y equilibrio”. Cultivarla demasiado ‒esto es abusando de ella de modo miope y egoísta‒, y guardarla poco es pecado.
Por otro lado, el Santo Padre pide que en este Año Jubilar, “aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar” y “comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica”.  El primer paso en este camino –prosigue Francisco– es siempre un examen de conciencia, que implica un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos. Y asegura que también implica “la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal”.
El examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión al Padre rico de misericordia, nos conducen a un firme propósito de cambio de vida, observa Francisco. Y esto –añade debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación.  Como por ejemplo, propone el Santo Padre, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas.
En esta línea, asegura que la economía y la política, la sociedad y la cultura, “no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral”.
A propósito del los Objetivos del Desarrollo Sostenible adoptados por los países del mundo en septiembre de 2015, el papa Francisco recuerda que ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se realice.
Finalmente, el Pontífice asegura que a pesar de nuestros pecados y los tremendos desafíos que tenemos delante, “no perdamos la esperanza”.

EDD. jueves 01 de septiembre de 2016

Jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160831


Carta I de San Pablo a los Corintios 3,18-23.
Hermanos:
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: El sorprende a los sabios en su propia astucia,
y además: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos.
En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes:
Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes,
pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.
Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;
él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Evangelio según San Lucas 5,1-11.
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».
Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador».
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Comentario del Evangelio por San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), presbítero, fundador. Homilía en Amigos de Dios.
«Desde ahora pescarás hombres»
«He aquí que envío a muchos pescadores – oráculo del Señor – y los pescarán» (Jr 16,16). Es así como el Señor nos precisa nuestra gran misión: la pesca. A veces se dice o se escribe que el mundo es como un mar. Es buena esta comparación. En la vida humana, como en el mar, hay períodos de calma y otros de tempestad, de tranquilidad y de vientos violentos. Frecuentemente los hombres se encuentran en amargas aguas, en medio de grandes olas; avanzan entre tormentas, tristes navegantes, aunque aparenten estar gozosos, e incluso exuberantes: sus carcajadas sólo buscan disimular su abatimiento, su decepción, su vida sin caridad ni comprensión. Hacen como los peces: se devoran unos a otros.
Procurar que todos los hombres entren a gusto en las redes divinas y se amen unos a otros, es tarea de los hijos de Dios. Si somos cristianos debemos transformarnos en estos pescadores que, en forma de metáfora, describe el profeta Jeremías y que, más tarde, también Jesucristo emplea en diversos momentos: «Seguidme y os haré pescadores de hombres» dice a Pedro y a Andrés.
Acompañemos a Cristo en esta pesca divina. Jesús se encuentra en la orilla del lago de Genesaret y la gente se amontona a su alrededor deseosa de escuchar la palabra de Dios. (Lc 5,1) ¡Igual que hoy! ¿No lo veis?

Catequesis del papa Francisco en la audiencia del 31 de agosto de 2016

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del 31 de agosto de 2016.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-31-de-agosto-de-2016/
Jesús considera a los pecadores como descartados y los invita a ser hijos suyos
Francisco saluda a un niño en la audiencia del 31 de agosto de 2016 (© Osservatore Romano)

Francisco Saluda A Un Niño En La Audiencia Del 31 De Agosto De 2016 (© Osservatore Romano)

El papa Francisco en la catequesis de este miércoles en la plaza de San Pedro recordó la fe de la mujer que sufría pérdidas de sangre. Era una mujer descartada por la sociedad. Pero no duda en pedir su curación y Jesús la escucha. Y restablece la verdad y la grandeza sobre la dignidad de la mujer y de toda persona. En Señor a pesar de nuestros pecados nos dice, tu no eres un descartado, tú eres un hijo, una hija.
A continuación el texto completo:
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día!
El Evangelio que hemos escuchado nos presenta una figura que se destaca por su fe y su coraje. Se trata de la mujer a la que Jesús curó de sus pérdidas de sangre. Pasando en medio de la muchedumbre, se acerca por detrás de Jesús para tocar el borde de su manto. “Ella se decía a sí misma: con sólo tocar su manto, quedaré curada” .
¡Cuánta fe, verdad! ¡Cuánta fe tenía esta mujer! Razonaba así porque estaba animada por tanta fe, tanta esperanza y, con un toque de astucia, realiza lo lleva en su corazón. El deseo de ser salvada por Jesús es tan grande que la hace ir más allá de las obligaciones establecidas por la ley de Moisés.
Esta pobre mujer de hecho, hacía muchos años que estaba no solamente enferma, sino que era considerada impura porque padecía de hemorragias. Y por lo tanto estaba excluida de las liturgias, de la vida conyugal, de las relaciones normales con el prójimo.
El evangelista Marcos añade que había consultado a muchos médicos, acabando sus medios para pagarlos y soportando tratamientos dolorosos, pero solo había empeorado. Era una mujer descartada por la sociedad. Es importante considerar esta condición de descartada, para entender su estado de ánimo:
ella siente que Jesús puede liberarla de la enfermedad y del estado de marginación y de indignidad en el que se desde hace años se encuentra. En una palabra: sabe, siente que Jesús puede salvarla.
Este caso nos hace reflexionar sobre cómo la mujer muchas veces es percibida y representada. Todos fuimos puestos en guardia, también las comunidades cristianas, delante de consideraciones reducidas de la feminidad por prejuicios y sospechas ultrajantes de su intangible dignidad. En este sentido son precisamente los Evangelios los que restablecen la verdad y reconducen a un punto de vista liberador.
Jesús ha admirado la fe de esta mujer evitada por todos y ha transformado su esperanza en salvación. No conocemos su nombre, pero las pocas líneas con las que los Evangelios describen su encuentro con Jesús trazan un itinerario de fe capaz de restablecer la verdad y la grandeza sobre la dignidad de toda persona.
En el encuentro con Cristo se abre para todos, hombres y mujeres de todos los lugares y de todos los tiempo, el camino de la liberación y de la salvación.
El Evangelio de Mateo dice que cuando la mujer tocó el manto de Jesús, Él “se dio vuelta” y “la vio”, y le dirigió la palabra. Como decíamos, a causa de su estado de exclusión, la mujer ha actuado oculta, detrás de Jesús, tenía un poco de temor, para no ser vista, porque era una descartada.
En cambio, Jesús la ve y su mirada no es de reproche, no dice: “¡Fuera de aquí, tú eres una descartada!”, como si dijera: “¡Tú eres una leprosa, fuera!”. No la reprocha, por el contrario la mirada de Jesús es de misericordia y ternura. Él sabe lo que ha sucedido y busca el encuentro personal con ella, lo que en el fondo, ella misma deseaba.
Esto significa que Jesús no sólo la recibe, sino que la considera digna de este encuentro hasta el punto que le dona su palabra y su atención. En la parte central del relato el término salvación se repite tres veces. “Si logro tan solo tocar su manto seré curada. Jesús se giró y al verla, le dijo: ‘Animo, hija, tu fe te ha salvado’”. Este “ten confianza, hija” expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona, y por toda persona descartada.
Cuántas veces nos sentimos interiormente descartados por nuestros pecados, hemos combinado tantas, hemos hecho tantas… Y el Señor nos dice:
“¡Ánimo! ¡Ven! Para mí tú no eres un descartado, una descartada. Ánimo hija. Tú eres un hijo, una hija”. Y éste es el momento de la gracia, es el momento del perdón, es el momento de la inclusión en la vida de Jesús, en la vida de la Iglesia. Es el momento de la misericordia. Hoy, a todos nosotros, pecadores, que somos grandes pecadores o pequeños pecadores, pero todos lo somos. A todos nosotros el Señor nos dice: “¡Ánimo, ven! Ya no eres más un descartado, no eres una descartada: yo te perdono, yo de abrazo”.
Así es la misericordia de Dios. Debemos tener el coraje de ir hacia Él, pedir perdón por nuestros pecados e ir adelante. Con coraje, como hizo esta mujer. Así la “salvación” adquiere múltiples aspectos: ante todo a la mujer le devuelve la salud; después la libera de las discriminaciones sociales y religiosas; además, realiza la esperanza que ella llevaba en su corazón anulando sus temores y su desánimo; y para concluir la devuelve a la comunidad liberándola de la necesidad de actuar a escondidas.
Y esta última cosa es importante: una persona descartada actúa siempre escondido, alguna vez o toda la vida: pensemos en los leprosos de aquellos tiempos, en los sin hobar de hoy… pensemos en los pecadores, en nosotros pecadores: siempre que hacemos algo escondidos, que tenemos necesidad de hacer algo a escondidas, nos avergonzamos de lo lo que somos. Y Él nos libera de esto, Jesús nos libera y hace que nos pongamos de pie:
“Levántate, ven. De pie”. Como Dios nos ha creado: Dios nos ha creado de pie, no humillados. De pie. Jesús da una salvación total que reintegra la vida de la mujer en la esfera del amor de Dios y, al mismo tiempo, la restablece en su plena dignidad.
Vale a decir, no es el manto que la mujer ha tocado el que le dio la salvación, sino la palabra de Jesús, acogida en la fe, capaz de consolarla, curarla y restablecerla en la relación con Dios y con su pueblo. Jesús es la única fuente de bendición de la cual brota la salvación para todos los hombres, y la fe es la disposición fundamental para acogerla.
Jesús, una vez más, con su comportamiento lleno de misericordia, indica a la Iglesia el itinerario que es necesario realizar para salir al encuentro de cada persona, para que cada uno pueda ser curado en el cuerpo y en el espíritu, y recuperar la dignidad de hijos de Dios. Gracias».

 

Comentario al evangelio de hoy miércoles 31 de agosto de 2016

Curación de la suegra de Pedro.
Milagros de Jesús

Tiempo Ordinario. 
Cristo te cura de las enfermedades del alma, siempre está atento…solo tienes que pedirlo.
Por: P. Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/6206/curacin-de-la-suegra-de-pedro.html

Del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que Él era el Cristo. Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado. E iba predicando por las sinagogas de Judea.
Oración introductoria
Señor, yo también estoy buscándote en mi interior. Ayúdame a ver qué es lo que necesito cambiar para que aprecie y valore más tu presencia en mi vida. Yo también estoy enfermo, te pido que en esta oración te dignes hacer algo por mí. Creo en Ti, confío en Ti y te amo.
Petición
Jesús, dame la humildad para saber reconocer tu presencia en mi vida.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Una Misericordia en camino.
«También tengo que»… este «también tengo que» que pronunciaste con tus palabras me ilumina tanto. En verdad llevaste una vida de ininterrumpida entrega, de inmolación sin tregua, de continuo sacrificio. Contemplo y vuelvo a contemplar tu vida y no veo sino un corazón que nunca supo qué significaba no amar –a no ser que lo experimentase pasivamente, y cuánto dolor no te causó (y te causa).
Señor, no me cansaré de repetirlo y te doy gracias por sostenerme en esta ilusión: te pido un corazón semejante al tuyo, que sepa estimar las cosas con tu percepción, que sepa apreciar las situaciones con tu espíritu, mirar a las personas con tu perspectiva. Dame un corazón que antes se canse de vivir para sí mismo, que de entregarse a los demás. Hazme un corazón sencillo, que no entienda de egoísmos, de «mi tiempo», de los «yo quisiera que», «me gustaría más», «preferiría mejor»… hazme un corazón cuya única ilusión sea amar, sea dar, entregarse, dar testimonio verdadero del Amor. Dame un corazón valiente, que sepa superar los miedos o sobrellevarlos puesta la confianza en Ti. Un corazón que viva bajo la tensión del darse antes que la del buscarse. Dame un corazón que en entregarse totalmente encuentre su único descanso. Dame un corazón humilde, que sepa aprender de los demás, maravillarse, alegrarse, entristecerse, acompañar y elevar a todos hacia tu Amor.
Un corazón que camine cada instante hacia la cruz, tal como el tuyo, hasta consumirse por amor…
 «La Misericordia de nuestro Dios es infinita e inefable y expresamos el dinamismo de este misterio como una Misericordia “siempre más grande”, una Misericordia en camino, una Misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia.»
 (Homilía de S.S. Francisco, 24 de marzo de 2016).
Reflexión
Es admirable el trabajo de los médicos. Nunca tienen un rato de descanso, porque allí donde van, aunque sea a una fiesta, todo el mundo se acerca para hablarles de sus padecimientos y enfermedades.
Así me imagino también a Jesús. No había llegado todavía a casa de su amigo Pedro cuando ya le piden un milagro. Y por la tarde vinieron a suplicarle que sanara a otros enfermos. Y al salir el sol le seguían buscando incluso en el desierto.
¡Qué grande es el Corazón de Cristo! Qué paciente, las veinticuatro horas del día, sin pedir nada a cambio. La Palabra ablanda cualquier corazón, aunque sea más duro que las piedras.. Le apasionaba su misión. Sabía que tenía que aprovechar los tres años de vida pública y no se permitió ni un momento de reposo.
Esto nos enseña a tomarnos en serio nuestra vida. El tiempo que Dios nos ha concedido no puede tirarse a la basura con entretenimientos estériles. Hay mucho que hacer, y algún día nos pedirán cuentas de lo que hayamos hecho. Seguro que tienes varias tareas pendientes que están esperando su momento. ¿Y cuando llegará? Quién sabe.
Es cuestión de organizarse bien, de tener el día programado para rendir al máximo, aun sacrificando el tiempo dedicado a la televisión. Debemos ser exigentes con el uso de las horas. No pueden desperdiciarse, porque nunca más volverán.
Primero es necesario establecer una jerarquía. ¿Qué es lo más importante para mí? No hay que descuidar el trabajo, ni la familia, ni los momentos para Dios, ni las actividades que enriquezcan a los que viven en la misma ciudad o país. Sepamos sacarle el jugo a la vida que Dios nos ha regalado.
Propósito
Consolar a una persona enferma, más que con palabras, con mi cercanía serena y sincera.
Diálogo con Cristo
Señor, gracias por venir a mi casa en esta oración. Estoy agradecido por la atención personal que me das, especialmente cuando estoy enfermo y necesitado de tu gracia. Quiero corresponder rápidamente, como lo hizo la suegra de Pedro, sirviendo con alegría y prontitud a todos mis hermanos. El mundo está enfermo, muchos tienen una gran necesidad de Ti. Te ofrezco ser generoso y compartir la fuerza de tu presencia en mi vida.

EDD. miércoles 31 de agosto de 2016

Miércoles de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160830


Carta I de San Pablo a los Corintios 3,1-9.
Hermanos: Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo.
Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora,
ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana?
Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor.
Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios.
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer.
No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado.
Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios.
Salmo 33(32),12-13.14-15.20-21.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones.
Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.
Evangelio según San Lucas 4,38-44.
Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.
Comentario del Evangelio por  San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia. Soliloquios, L.1, c1, § 5-6
«Las multitudes le buscaban»
Desde ahora, Señor, es a ti sólo a quien amo, a ti sólo a quien me uno, a ti sólo a quien busco, a ti sólo a quien estoy dispuesto a servir, porque sólo tú mandas justamente. Deseo someterme a tus órdenes; manda, te lo ruego, manda lo que quieres, pero cúrame, abre mis oídos a fin de que pueda escuchar tus palabras…
Recíbeme como a un fugitivo, oh Padre amantísimo. He sufrido demasiado tiempo; demasiado tiempo he estado sometido a tus enemigos y al juego de las mentiras. Recíbeme como a un siervo tuyo que quiere alejarse de todas estas cosas vanas… siento que me es necesario volver a ti; llamo, ábreme la puerta, enséñame como se llega hasta ti… Es hacia ti que quiero ir, dame, pues, los medios para llegar hasta ti. ¡Si tú te alejas, perecemos! Pero tú jamás abandonas a nadie, porque eres el soberano bien; todos los que te buscan con rectitud, te encuentran. Eres tú quien nos enseña como buscarte rectamente. Oh Padre mío, haz que te busque, líbrame del error, no permitas que, en mi búsqueda, encuentre a otra cosa que no seas tú. Si no deseo nada más que a ti, haz que sea a ti sólo a quien encuentre, oh Padre mío.