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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del Domingo 25 de Febrero de 2018.

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA.

 
Génesis 22,1-2.9.15-18: El sacrificio de Isaac. Hay que distinguir entre el hecho en sí y su significado. El acento recae sobre el significado. El hecho es sólo un medio para entregar un mensaje. Clave del mensaje: “Dios puso a prueba a Abraham”. La gran prueba: Dios le reclama al hijo de la promesa y Abraham obedece.
Romanos 8, 31-34: certeza de la esperanza cristiana,  la redención ya ha sido realizada. Si Dios entregó a su propio Hijo no hay nada que temer. En Cristo nos dará sus dones.
Marcos 9,2-10: seis días después que Jesús anunciara el escándalo de su Pasión a sus discípulos. Tres de ellos lo contemplan transfigurado, distinto, otro. La nube= presencia de la divinidad, testifica que Jesús es el Servidor que cumple cabalmente la Voluntad de Dios.
1.- En la Sagrada Escritura hay hechos que son realmente escandalosos y no aportan nada positivo si nos quedamos con una mirada puramente humana, carnal. Por ejemplo, escandaliza el desastre del diluvio universal, el sacrificio de Isaac, o cuando Dios ordena a Saúl exterminar a los amalecitas (cfr. 1Samuel 15,19-23). Escandaliza el hecho que Jesús, el Hijo amado, tenga que padecer mucho y ser rechazado. Y de hecho esto escandalizó a Pedro (cfr. Marcos 8,32-33). Son situaciones que repugnan a la lógica y sabiduría humana. ¿Cómo puede haber un Dios tan cruel que exija tal sacrificio?
Pero todos estos hechos, y muchos más, deben ser leídos según la intención del autor sagrado, cuál es su significado, qué mensaje quiere entregar al lector u oyente. Y la Palabra de hoy día nos muestran dos hechos que nos aportan mucha lección.
 
2.- La clave para entender lo del Génesis está en la frase: “Dios puso a prueba a Abraham”. No es la primera vez que Dios prueba a su servidor. Así tenemos la primera prueba cuando le ordena salir de su tierra y parentela. Y Abraham obedeció. La segunda prueba cuando se le promete a él una numerosa descendencia. Y Abraham le creyó a Dios. La tercera gran prueba: “Sacrifícame a tu hijo”. Ese hijo fruto de la vejez, hijo de las promesas.
En la primera prueba Dios le exige a Abraham renunciar a todo su pasado. Ahora se le exige renunciar a todo su futuro. Abraham será padre del Pueblo de Dios renunciando a toda paternidad. ¡Abraham obedeció, creyó!
He aquí lo grande de la figura de Abraham, que san Pablo destaca en su carta a los Romanos: “Él no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe…sino glorificó a Dios, plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete”. (Romanos 4,20-21). O sea, se destaca la fe de Abraham que es modelo de fe para el cristiano.
 
3.-  Jesús anunció su Pasión a sus discípulos, pero éstos se escandalizaron. Estaban en otra; imposible que el Mesías tenga que sufrir. En este contexto está la Transfiguración. El Señor les muestra por anticipado su realidad definitiva cuando resucite. Pero los apóstoles en aquel momento no comprendieron. No comprendieron que ese Jesús que ellos siempre contemplaron con sus ojos de carne era el “Hijo muy querido”, que en el sentir de Isaías 42,1 es el Servidor que viene a cumplir en todo con la Voluntad de Dios, su Padre. Que El es, además, el Profeta a quien hay que escuchar, aun cuando su enseñanza sea desconcertante.
Abraham obedeció y creyó contra toda esperanza; y Dios lo justificó e hizo el padre del Pueblo de Dios. “Por fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba presentó a Isaac…y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder, aun para resucitar a los muertos. Por esto recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo” (Hebreos 11,17-19). Esta es la fe del cristiano: creer en un Dios que tiene poder para dar vida, resucitar.
 
4.- Y esto es lo que quiere afirmar la Transfiguración: la fe de los discípulos. Pero no sólo la de Pedro, Santiago y Juan, sino también la nuestra. Los apóstoles no fueron capaces de enfrentar la Pasión, el escándalo de la cruz. Después, con la resurrección, comprendieron.
Muchas veces tambaleamos, nos escandalizamos, no entendemos a Dios. ¿Y quién puede entenderlo?
Aquí está El para que comprendamos que su obediencia nos acarreó salvación. Para que comprendamos que muriendo se alcanza la vida eterna.
Aunque nos llegue el agua al cuello, no perdamos la confianza. Con el salmista digamos: “Caminaré en presencia del Señor”. Y si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros? El está hoy en esta Eucaristía.
Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 22 de febrero de 2018

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20180222
Viernes de la primera semana de Cuaresma
Libro de Ezequiel 18,21-28.
Así habla el Señor Dios:
Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá.
Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá.
¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?
Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.
Ustedes dirán: «El proceder del Señor no es correcto». Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?
Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido.
Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida.
El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.
 
Salmo 130(129),1-2.3-4.5-6.7-8.
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Mi alma espera al Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora
espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados.
Evangelio según San Mateo 5,20-26.
Jesús dijo a sus discípulos:
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Comentario del Evangelio por San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir. La oración del Señor (Trad. ©Evangelizo.org).
«Vete primero a reconciliarte con tu hermano»
Dios ha ordenado que los hombres sean pacíficos y que estén en buenos términos, que vivan « unánimes en su casa» (Ps 67:7 Vulg). Quiere que, una vez regenerados por el bautismo, perseveremos en la condición en la que nos ha puesto este segundo nacimiento. Ya que somos hijos de Dios, quiere que permanezcamos en la paz de Dios, ya que tenemos un mismo Espíritu, que vivamos en la unidad del corazón y de los pensamientos.
Es así que Dios no recibe el sacrificio del hombre que vive en el desacuerdo. Ordena que nos alejemos del altar para primero nos reconciliarnos con su hermano, y así Dios pueda recibir las oraciones presentadas en paz. El más grande sacrificio que se puede ofrecer a Dios, es nuestra paz, es la concordia fraterna, es el pueblo reunido por esta unidad que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

EDD. jueves 22 de febrero de 2018

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20180216
 
Fiesta de la cátedra del apóstol san Pedro
Epístola I de San Pedro 5,1-4.
Queridos hermanos:
Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada.
Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación;
no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño.
Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.
 
Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
 
Evangelio según San Mateo 16,13-19.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
 
Comentario del Evangelio por Concilio Vaticano II. Constitución dogmática sobre la Iglesia « Lumen Gentium » § 22.
«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»
Es por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio Apostólico, de igual modo se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos sucesores de los Apóstoles. Ya la más antigua disciplina, conforme a la cual los Obispos establecidos por todo el mundo comunicaban entre sí y con el Obispo de Roma por el vínculo de la unidad, de la caridad y de la paz, como también los concilios convocados, para resolver en común las cosas más importantes después de haber considerado el parecer de muchos, manifiestan la naturaleza y forma colegial propia del orden episcopal. Forma que claramente demuestran los concilios ecuménicos que a lo largo de los siglos se han celebrado. Esto mismo lo muestra también el uso, introducido de antiguo, de llamar a varios Obispos a tomar parte en el rito de consagración cuando un nuevo elegido ha de ser elevado al ministerio del sumo sacerdocio. Uno es constituido miembro del cuerpo episcopal en virtud de la consagración sacramental y por la comunión jerárquica con la Cabeza y miembros del Colegio.
El Colegio o cuerpo episcopal, por su parte, no tiene autoridad si no se considera incluido el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando siempre a salvo el poder primacial de éste, tanto sobre los pastores como sobre los fieles. Porque el Pontífice Romano tiene en virtud de su cargo de Vicario de Cristo y Pastor de toda Iglesia potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia, que puede siempre ejercer libremente.En cambio, el orden de los Obispos, que sucede en el magisterio y en el régimen pastoral al Colegio Apostólico, y en quien perdura continuamente el cuerpo apostólico, junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta Cabeza, es también sujeto de la suprema y plena potestad sobre la universal Iglesia, potestad que no puede ejercitarse sino con el consentimiento del Romano Pontífice. El Señor puso tan sólo a Simón como roca y portador de las llaves de la Iglesia (Mt,16,18-19), y le constituyó Pastor de toda su grey (cf. Jn, 21,15ss); pero el oficio que dio a Pedro de atar y desatar, consta que lo dio también al Colegio de los Apóstoles unido con su Cabeza (Mt, 18,18; 28,16-20). Este Colegio expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios en cuanto está compuesto de muchos; y la unidad de la grey de Cristo, en cuanto está agrupado bajo una sola Cabeza.

EDD. miércoles 21 de febrero de 2018.

Fuente  :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20150818
 
Miércoles de la primera semana de Cuaresma
Libro de Jonás 3,1-10.
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos:
«Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré».
Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla.
Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza.
Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: «Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;
vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos».
Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.
 
Salmo 51(50),3-4.12-13.18-19.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
 
Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
Sobre Jonas
«Jonas una figura de Cristo » (Trad. ©Evangelizo.org)
Si Jonás es una figura del Señor, y por su estadía de tres días y tres noches en las entrañas del cetáceo evoca la Pasión del Salvador, su oración debe ser una expresión de la oración del Señor.
«He sido arrojado de tu presencia. Pero volveré a contemplar tu santo Templo» (Jon 2:5). Cuando estaba contigo, gozando de tu luz, yo no decía: he sido rechazado. Pero, una vez al fondo del mar, envuelto de la carne humana, tomo los sentimientos del hombre, y digo: he sido arrojado de tu mirada. Eso, lo he dicho como hombre; lo siguiente, lo digo como Dios, Yo que, estando en tu condición, no me prevalí de mi igualdad contigo (Fil 1:6), porque quería elevar hacia ti el género humano. «Pero volveré a contemplar tu santo Templo». De este modo el texto del Evangelio lo dice: «Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo existiese» (Jn 17:5) y el Padre responde: «Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré» (Jn 12:28). El único y mismo Señor pide como hombre, promete como Dios, y está seguro de la posesión que fue siempre suya.
«Las aguas me asfixiaban el aliento, el abismo me envolvía» (Jon 2:6). ¡Que el infierno no me haga su prisionero! ¡Que no me prohíba la salida! Libremente he hecho el descenso, que libremente pueda hacer la ascensión. Vine voluntariamente cautivo, debo liberar a los cautivos para que se cumpla este versículo: «Subiendo a la altura llevó los cautivos» (Ps 68:19, Ef. 4:8). En efecto, aquellos que antes estaban cautivos en la muerte, él los llevó a la vida.
«Entonces el Señor ordenó al pez que vomitase a Jonás en tierra firme» (Jon 2:11). Se le ordenó entonces a ese gran cetáceo, a los abismos y a los infiernos de restituir al Salvador en la tierra; de modo que Aquél que estaba muerto para liberar a los retenidos en los lazos de la muerte, pueda llevar consigo una multitud hacia la vida.

EDD. martes 20 de febrero de 2018.

Fuente  :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20150818
 
Martes de la primera semana de Cuaresma
Libro de Isaías 55,10-11.
Así habla el Señor:
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo
y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
sin haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come,
así sucede con la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que yo quiero
y cumple la misión que yo le encomendé.
 
Salmo 34(33),4-5.6-7.16-17.18-19.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.
Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
Los ojos del Señor miran al justo
y sus oídos escuchan su clamor;
pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
 
Evangelio según San Mateo 6,7-15.
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia
Comentario sobre el Evangelio según San Lucas. (Trad. ©Evangelizo.org)
 
«Invocar el nombre del Padre»
Jesús dijo a sus Apóstoles: «Ustedes cuando oren digan: Padre». Es decir, primero invoquen al Padre; digan, pero no solamente con la voz sino también con el corazón, no vaya a ser que se diga de ustedes como en Isaías: «Este pueblo me ofrece tan sólo palabras, y me honra con los labios, pero su corazón sigue lejos de mí» (Is.29:13). Digan no solamente con el corazón sino también con la boca, pues la oración vocal Dios la recibe como lo dice el salmo: « Por mi boca al Señor doy muchas gracias y alabanzas» (Sal. 108:30). Y esto, porque ésta sirve a la vez para despertar la memoria, estimular al somnoliento, encender el deseo, disponer a la obediencia, expresar la alegría, y dar el ejemplo.
Invoquemos entonces el nombre del Padre. En efecto, él es Padre, por su condición de naturaleza según Efesios: «De quien toda paternidad toma nombre en el cielo o en la tierra» (Ef. 3:15). Por eso leemos en Malaquías: « ¿No tenemos todos único padre? » (Ml.2:10). Él es Padre, también, por el don de su gracia; en Romanos «Ustedes recibieron el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: ¡Abba!, ¡Padre! » (Rm 8:15); y en Gálatas: «Ustedes ahora son hijos, y como son hijos, Dios ha mandado a nuestros corazones el Espíritu de su propio Hijo que clama al Padre: ¡Abbá!, ¡Padre!». También es Padre por la realización de la gloria, según Jeremías: «Me llamarás “Padre mío” y nunca más te apartarás de mí.» (Jr. 3:19).
Entonces  ya que, dentro del nombre del Padre, Dios es comprendido como fundador de la naturaleza, dador de gracia y realizador de la gloria, se nos ha dado comprender también que solamente a él debemos pedir.
Mateo y Lucas concuerdan sobre la invocación del nombre del Padre, afín que en ése único nombre, el hombre sea estimulado en la reverencia y en la confianza, dos alas sin las cuales la oración no es eficaz.

EDD. lunes 19 de febrero de 2018

Fuente  : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20180219
 
Lunes de la primera semana de Cuaresma
Libro del Levítico 19,1-2.11-18.
El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo.
Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros.
No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.
No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero.
No insultarás a un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.
No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia.
No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el señor.
No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.
No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
 
Salmo 19(18),8.9.10.15.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.
¡Ojalá sean de tu agrado
las palabras de mi boca,
y lleguen hasta ti mis pensamientos,
Señor, mi Roca y mi redentor!
 
Evangelio según San Mateo 25,31-46.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermón 25 (Trad. ©Evangelizo.org)
«Vengan, benditos de mi Padre, y reciban el reino que ha sido preparado para ustedes »
Si estamos atentos, hermanos, el hecho de que Cristo tenga hambre en los pobres nos es provechoso… Mira: un céntimo por un lado y el Reino por el otro. ¿Qué comparación puede hacerse? Das un céntimo a un pobre y de Cristo recibes el Reino; das un pedazo de pan y de Cristo recibes la vida eterna; das un vestido, y de Cristo recibes el perdón de tus pecados.
Entonces no despreciemos a los pobres, más bien deseémoslos y apresurémonos para ir a ellos, porque la miseria de los pobres es la medicina de los ricos, tal como el mismo Señor lo dijo: «Den limosna de lo de dentro, y lo tendrán limpio todo», y también: «Vendan lo que poseen y denlo como limosna» (Lc 11:41; 12:33). Y el Espíritu Santo clama por la voz del profeta: « El agua apaga las llamas de la hoguera; la limosna borra los pecados » (Si 3,30)… Hagamos, pues, misericordia, hermanos, y con la ayuda de Cristo mantengámonos unidos a su garantía; sobre todo la que les he recordado, cuando dice: «Den y se les dará» (Lc 6:38) y también: «Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5:7).
Que cada uno se esfuerce, según los medios que disponga, a no venir a la iglesia con las manos vacías: el que desee recibir debe, en efecto, ofrecer alguna cosa. Que el que pueda cubra  al pobre con un vestido nuevo; el que no pueda, que por lo menos le ofrezca uno viejo. En cuanto al que no se sienta capaz de ello, que le ofrezca un pedazo de pan, que acoja a un viajero, que le prepare una cama, que le lave los pies, para merecer escuchar a Cristo decirle: «Vengan, benditos, tomen posesión del Reino; porque tuve hambre y me dieron de comer; fui extranjero y me recibieron en su casa.» Nadie, hermanos queridos, podrá excusarse de no haber hecho limosna, cuando Cristo prometió dar una recompensa a cambio de un vaso de agua fresca (Mt 10:42).
 
 

La Cuaresma porque “Solo Dios puede darnos la verdadera felicidad”

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/la-cuaresma-porque-solo-dios-puede-darnos-la-verdadera-felicidad/
 
“Acoger el amor de Dios que quiere transformar nuestra vida y el mundo entero” (traducción completa)
18 febrero 2018Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli
Ángelus 18/02/2018, Captura @ Vatican Media
(ZENIT 18 febrero 2018).- La razón de ser de la Cuaresma, en el fondo, es que “solo Dios nos puede dar la verdadera felicidad”, ha explicado el Papa Francisco, antes del Ángelus de este domingo 18 de febrero de 2018, en la Plaza San Pedro, mientras que la multitud, unas 20.000 personas se acurrucaban bajo los paraguas.
El Papa ha invitado a los bautizados a “tener el coraje de rechazar todo lo que nos aleja del camino: los falsos valores que nos engañan atrayendo nuestro egoísmo de manera astuta”.
“Solo Dios puede darnos la verdadera felicidad, ha declarado el Papa: y es inútil perder nuestro tiempo buscándola en otra parte: en las riquezas, en el placer, en el poder, en la carrera….El Reino de Dios, es la realización de todas nuestras aspiraciones, porque es, al mismo tiempo, salvación del hombre y gloria de Dios”.
He aquí nuestra traducción, rápida, de trabajo, de las palabras pronunciadas por el Papa Francisco en italiano.
AB
Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
En este primer  domingo de Cuaresma, el Evangelio recuerda los temas de la tentación, la conversión y la Buena nueva, tres temas.
El evangelista Marcos escribe, “el Espíritu empujó a Jesús al desierto y permaneció en el desierto durante 40 días, tentado por Satanás” (Mc 1,12-13). Jesús va al desierto a prepararse para su misión en el mundo. Él no necesita conversión, pero, como hombre, debe pasar por esta prueba, tanto para él mismo, obedecer la voluntad del Padre, como para nosotros, para darnos la gracia de vencer la tentación.
Esta preparación consiste en luchar contra el Espíritu del mal, contra el diablo. También para nosotros, la Cuaresma es un tiempo de “agonía” espiritual, estamos llamados a enfrentar al mal a través de la oración para poder ser capaces con la ayuda de Dios vencerla en nuestra vida cotidiana. Desafortunadamente el mal obra en nuestra existencia y en nuestro entorno, donde se manifiesta la violencia, el rechazo del otro, el encierro de uno mismo, las guerras, las injusticias.
Inmediatamente después de las tentaciones en el desierto, Jesús comienza a predicar el Evangelio, es decir, la Buena Nueva,– segunda palabra-. La primera era “tentación” la segunda “Buena nueva”. Y esta Buena nueva exige del hombre conversión-tercera palabra–y fe. Él anuncia, “el tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca”; luego él dirige esta exhortación: “Convertíos y creed en el Evangelio” (v. 15). Es decir, creed esta Buena nueva Creer en esta Buena Nueva que el reino de Dios está cerca.
Nosotros también tenemos necesidad de conversión en nuestra vida diaria-¡todos los días!-,y la Iglesia nos hace orar por esto De hecho, nunca estamos suficientemente orientados hacia Dios y debemos dirigir constantemente nuestra mente y nuestro corazón hacia Él.
Para ello, debemos tener el coraje de rechazar todo lo que nos aleja del camino: los falsos valores que nos engañan y atrae nuestro egoísmo de manera solapada.
Al contrario, debemos tener confianza en el Señor, en su bondad, y en su proyecto de amor para cada uno de nosotros.
La Cuaresma es un tiempo de penitencia, sí, pero no es un tiempo ¡triste!. Es un tiempo de penitencia, pero no un tiempo triste, de duelo. Es un compromiso gozoso y serio para despojarnos de nuestro egoísmo, de nuestro hombre viejo, y para renovarnos según la gracia de nuestro bautismo.
Solo Dios nos puede dar la verdadera felicidad: es inútil perder nuestro tiempo en buscarla fuera: en las riquezas, en los placeres, en el poder, en la carrera…El Reino de Dios, es la realización de todas nuestras aspiraciones, porque es, al mismo tiempo, salvación del hombre y gloria de Dios.
En este primer domingo de Cuaresma, estamos llamados a escuchar con atención y a acoger esta llamada de Jesús a convertirnos y a creer en el Evangelio. Se nos exhorta a comenzar con compromiso el camino hacia la Pascua, para acoger cada vez más la gracia de Dios que quiere transformar el mundo en un Reino de justicia, de paz, y de fraternidad.
Que la Virgen María nos ayude a vivir esta Cuaresma en la fidelidad a la Palabra de Dios, y con oración continua, como lo hizo Jesús en el desierto.
¡No es imposible! Se trata de vivir los días con el deseo de recibir el amor que proviene de Dios y que quiere transformar nuestra vida y el mundo entero.
© Traducción ZENIT, Raquel Anillo

EDD. sábado 17 de febrero de 2018.

 
Fuente  :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20150818
 
Sábado después de Ceniza
Libro de Isaías 58,9b-14.
Así habla el Señor:
Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna;
si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas».
Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente,
entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.
 
Salmo 86(85),1-2.3-4.5-6.
Inclina tu oído, Señor, respóndeme,
porque soy pobre y miserable;
protégeme, porque soy uno de tus fieles,
salva a tu servidor que en ti confía.
Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,
porque te invoco todo el día;
reconforta el ánimo de tu servidor,
porque a ti, Señor, elevo mi alma.
Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica!
 
Evangelio según San Lucas 5,27-32.
Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme».
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?».
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan».
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Mensaje para la Cuaresma 1997 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana rev.)
«Sígueme »
El tiempo de la Cuaresma rememora los 40 años que Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida. En aquel período el pueblo experimentó lo que era vivir en una tienda, sin domicilio fijo y con una total falta de seguridad. Muchas veces estuvo tentado de volver a Egipto, donde al menos tenía asegurado el pan, aunque fuera la comida de los esclavos. En la precariedad del desierto fue Dios mismo quien suministraba el agua y el alimento a su pueblo, protegiéndolo así de los peligros. De este modo, la experiencia de la dependencia total de Dios se convirtió para los hebreos en camino de liberación de la esclavitud y de la idolatría de las cosas materiales.
El tiempo cuaresmal pretende ayudar a los creyentes a revivir, mediante el compromiso de purificación personal, este mismo itinerario espiritual, tomando conciencia de la pobreza y de la precariedad de la existencia, y redescubriendo la intervención providencial del Señor que llama a tener los ojos abiertos ante las penurias de los hermanos más necesitados. Así, la Cuaresma es también el tiempo de la solidaridad ante las situaciones precarias en las que se encuentran personas y pueblos de tantos lugares del mundo.
Del amor de Dios aprende el cristiano a socorrer al necesitado, compartiendo con él los propios bienes materiales y espirituales. Esta solicitud no representa sólo una ayuda material para quien está en dificultad, sino que es también una ocasión de crecimiento espiritual para el mismo que la práctica, que así se ve alentado a despegarse de los bienes terrenos. En efecto, existe una dimensión más elevada, indicada por Cristo con su ejemplo: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20). De este modo quería El expresar su total disponibilidad hacia el Padre celestial, cuya voluntad deseaba cumplir sin dejarse atar por la posesión de los bienes terrenos […] En este camino nos precede Cristo. Su presencia es fuerza y estímulo: Él nos libera y nos hace testigos del Amor.
 
©Evangelizo.org 2001-2018

Homilía para la Eucaristía del domingo 18 de febrero de 2018.

Hermanos, al iniciar la Cuaresma no olviden de llevar la cajita de Cuaresma que va en beneficio de los adultos mayores.
DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA.
Génesis 9,8-15: Alianza de Dios con Noé y la creación. Es la primera alianza que figura en el A.T. Dios se compromete a defender la vida. Señal de esta Alianza, el arco, que de ser arco de guerra pasa a significar arco de la vida.
1Pedro 3,18-22: si en el arca se salvaron unos pocos, en el bautismo se salvaron muchos, en el que también se realiza una Alianza.
Marcos 1,12-15: Inicio del ministerio de Jesús. Antes debe enfrentar al enemigo. Jesús encarna la historia de Israel en el desierto.
1.- Al iniciar esta cuaresma la Palabra nos propone una realidad: la situación del hombre sin Dios: una serie de rupturas: con Dios, con el hombre, con la creación y consigo mismo. Estas rupturas señalan la situación de pecado de la humanidad. Por el contrario, la salvación consiste en rehacer la armonía, la integridad y unidad rotas por el pecado. Y la imagen que utiliza la Sagrada escritura es la del Pacto o Alianza, es decir, la restauración de la paz original con Dios, entre los hermanos, el hombre y la creación y en el hombre mismo.
Hoy se nos propone la primera Alianza de tres que hay en el Antiguo Testamento. Dios es quien se compromete con Noé a restaurar la armonía entre el hombre y la creación. Dios promete que no habrá otro diluvio que destruya la vida; Dios defiende la vida. La ofensa contra la vida es una ofensa contra Dios.
2.- Dios quiere salvar, quiere la vida, no la muerte. Si en el diluvio la salvación fue para unos pocos, hoy no es así. “Dios quiere que todos los hombres se salven”. Dice la carta de Pedro: “Todo esto es figura del bautismo por el que ahora ustedes son salvados”.  Si con Noé Dios restablece la armonía y defiende la vida, con Jesús el Señor nos reconcilió. Según san Pablo,  “En Cristo tuvo a bien reconciliar todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos” (Colosenses 1,20).
De modo que ya al iniciar la cuaresma se nos recuerda la verdad esencial de la fe: en el Bautismo nosotros hemos entrado en la Alianza por medio de Cristo. Y es lo que celebraremos en la Pascua al resucitar con Cristo.
3.- Pero ser cristiano no es un lujo; todavía no tenemos asegurada una vida fácil y cómoda. Como Jesús, tenemos que enfrentar el mal en el desierto de esta vida.  Pero Jesús enfrenta el mal no solo, sino con y en el Espíritu. El Espíritu lo llevó al desierto y allí se enfrentó con el espíritu maligno. Allí Jesús deberá vivir lo de Israel y los grandes profetas. Pero es en el desierto donde Jesús se encontrará con el Dios de la Alianza.
Estamos como Iglesia pasando por  una etapa de desierto. Si pretendemos pasar este desierto solos fracasaremos. Es con el Espíritu como debemos vivir esta etapa. Porque sin Espíritu nos puede suceder lo de Israel en el desierto: sucumbió a la tentación. Con el Espíritu, en cambio, podemos vencer como Cristo venció.
Sin la fuerza del Espíritu la Iglesia se mundaniza, se corrompe y queda en el desierto.
4.- Cuaresma: tiempo de conversión, de cambio, de vuelta a Dios.  Tiempo de renovar la Alianza.
Si el pecado es ruptura la salvación es Alianza, es unión. Pero esta Alianza exige de nosotros otras rupturas: con el mundo, con el pecado, con el egocentrismo y así volvernos a Dios.
Cuaresma, tiempo que tiene una dinámica propia: centrarse, concentrarse y descentrarse.
• Centrarse: en Cristo
• Concentrarse: en lo fundamental y único necesario, el Reino
• Descentrarse: volcarse a favor de los demás.
Buena tarea tenemos para esta Cuaresma y para toda nuestra vida de fe. Solos no podemos, pero con la fuerza de la Eucaristía todo lo podemos.
Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 16 de febrero de 2018

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20180215

 
Viernes después de Ceniza
Libro de Isaías 58,1-9a.
Así habla el Señor Dios:
¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob!
Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios:
«¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?». Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre.
Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas.
¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor?
Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos;
compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!».
 
Salmo 51(50),3-4.5-6a.18-19.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Evangelio según San Mateo 9,14-15.
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
 
Comentario del Evangelio por San Pedro Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia. Homilía sobre la oración, el ayuno y la limosna; PL 52,320
«¿Es ese el ayuno que yo quiero?… ¿No será partir tu pan con el hambriento?» (Is 58, 6-7)
El que practica el ayuno debe comprender qué es el ayuno: debe acoger con agrado al hombre que tiene hambre si quiere que Dios le acoja con su propia hambre; debe ser misericordioso si espera recibir misericordia… Lo que hemos perdido a través del desprecio, lo hemos de conquistar a través del ayuno; inmolemos nuestras vidas con el ayuno, puesto que no hay nada más importante que podamos ofrecer a Dios, tal como da pruebas de ello el profeta cuando dice: «El sacrificio que Dios quiere es un corazón quebrantado; el corazón quebrantado y humillado, Dios no lo desprecia» (Sl 50,19). Ofrece, pues, a Dios tu vida, ofrece la oblación del ayuno para que le llegue a Él una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que interceda en favor tuyo…
Mas, para que estos dones sean agradables es preciso que vayan seguidos por la misericordia. El ayuno no da ningún fruto si no es regado por la misericordia; el ayuno se convierte en menos árido acompañado de la misericordia; lo que es la lluvia para la tierra, lo es la misericordia para el ayuno. El que ayuna puede muy bien cultivar su corazón, purificar su carne, arrancar vicios, sembrar virtudes: si no derrama sobre ellos la misericordia, no recoge ningún fruto.
Tú que ayunas, tu campo ayuna también si le privas de la misericordia; tú que ayunas, lo que esparces a través de la misericordia, crecerá de nuevo en tu granero. Para no despilfarrar por tu avaricia, recoge por tu generosidad. Cuanto das al pobre, te lo das a ti mismo; porque lo que tú no cedes a otro, tampoco tú lo tendrás.