Homilía para la Eucaristía del domingo 08 de noviembre de 2026.
DOMINGO XXXII.
Sabiduría 6,12-16: Reflexión sobre la Sabiduría, la que se hace encontradiza a quienes la buscan con sinceridad.
1Tesalonicenses 4,13-18: la venida del Señor produce transformación, cambio, vida nueva.
Mateo 25,1-13: El capítulo 25 contiene tres parábolas acerca del Reino de Dios. En esta primera se nos invita a la vigilancia, a una actitud de estar siempre preparados.
1.- Dice el Salmo responsorial: “Mi alma tiene sed de Ti, Señor”. Cierto. El ser humano siempre ha tenido esa sed de Sabiduría, de querer conocer los secretos de la ciencia. Siempre ha habido hombres sabios, que no se conforman con lo que ven, sino quieren saber más. Y esto es muy legítimo. A veces el hombre busca a tientas, a ciegas, pero, como dice la primera lectura, la Sabiduría se hace la encontradiza a quien la busca., porque, como dice la carta a los Romanos: Porque todo cuanto de se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer,
ya que sus atributos invisibles –su poder eterno y su divinidad– se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras. (Romanos 1,19-20). Em verdad, la Sabiduría, que es Dios, sale al encuentro del que la busca con sinceridad, porque Dios quiere que todos le conozcan y se salven. El hombre progresa en la medida que se encuentra con la verdadera Sabiduría, que es Dios.
2.- Y eso es lo fundamental, encontrarse con el que viene. Y de eso se trata, de un Encuentro: Dios que viene al hombre y del hombre que se encuentra con Dios. Sólo este encuentro produce transformación, cambio. Hoy san Pablo nos afirma en su carta que cuando venga el Señor, al encontrarnos con Él habrá un cambio, una transformación. Es preciso, entonces, encontrarse, dejarse encontrar por el Señor. Y es esto, precisamente lo que se espera de un cristiano hoy: que haya tenido un encuentro con el Señor. Encuentro que produce cambio, transformación total.
3.- He aquí el problema de muchos que se conforman con estar bautizados, tener unos sacramentos, pero no se han encontrado con Cristo. Jesús sigue siendo el gran desconocido para mucha gente; de ahí la crisis del cristianismo, que es la ausencia de la Mística cristiana, por qué soy cristiano.
Muchos no saben por qué son cristianos; lo son por tradición, pero no por convencimiento. En otras palabras, no están convertidos, porque no se han encontrado con Él. ¿Acaso no es eso lo que le sucede a la mayoría en nuestro continente?
4.- Por eso, la consigna del evangelio de hoy es clara: YA VIENE EL ESPOSO, SALGAN A SU ENCUENTRO. Llamado que se da cuando menos lo pensamos. El Señor viene a nosotros, pero sucede a veces que estamos adormilados, distraídos, despreocupados; no estamos debidamente preparados.
Que no nos fáltelo esencial: el aceite de la caridad, que el Señor nos encuentre con la luz encendida. Esa luz que, simbólicamente se nos entregó encendida en nuestro bautismo. Que cuando Él venga nos encuentre con esa luz en nuestra vida.
“¡Que viene el Esposo!” ¿Dónde? Aquí en la Eucaristía, que es el Banquete del Reino.
Si estás despierto, lleno de amor, puedes entrar, acercarte para encontrarte con el Señor.
En cada Eucaristía tenemos un encuentro con el Señor. ¡DICHOSOS LOS INVITADOS AL BANQUETE DEL REINO!
Hermano Pastor.
