Homilia para la Eucaristía del domingo 01 de noviembre de 2026.
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS.
Apocalipsis 7,2-4.9-14: Visión de los señalados, elegidos, que están junto a Dios.
1Juan 3,1-3: Se muestra la identidad del cristiano, es hijo de Dios, que deberá manifestarse en plenitud.
Mateo 5,1-12: Inicio del Sermón e la montaña. Jesús proclama quienes son los Bienaventurados.
1.- Hoy es la Solemnidad de todos los santos. Pero ¿qué significa santo? ¿Quién es santo fuera de Dios? Santo = elegido, seleccionado, apartado por Dios y marcado por Él. Dios es el único que puede santificar, distinguir, ya que Él es el único santo.
El Apocalipsis proclama que Di9s ha purificado por la sangre de Cristo a los que ha santificado, es decir, nos ha elegido y llamado para ser como Él.
Santo no significa perfección humana absoluta, sino el ser apartado por Dios, viviendo con integridad, obedeciendo a Dios y rechazando el pecado. Así aparece en el Levítico 1,16. Dios nos pide que seamos distintos, diferentes. ¿Distintos a quiénes? A los paganos, a los del mundo. ¿Por qué?
2.- Simplemente porque somos hijos de Dios. Un hijo de Dios no sólo debe serlo, sino también parecerlo. Y la prueba de que somos hijos es que Dios ha derramado su Espíritu en nosotros. Así nos lo dice en Gálatas 4,6: Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo» ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Es el Espíritu de Dios el que nos hace hijos. Y lo somos ya, pero todavía no se manifiesta toda la realidad. Esta realidad plena es para más adelante. Podría decirse que mientras vivimos en este
mundo estamos en un proceso de gestación, nos estamos formando hasta llegar a ser hijos en plenitud.
3.- He aquí la tremenda crisis de identidad que tenemos. Siendo hijos no vivimos como tales. Siendo engendrados por el Espíritu de Dios vivimos según la carne. No nos cuesta decir que somos hijos de Dios, pero nos cuesta admitir que estamos llamados a ser distintos, santos. Y este es el drama que vivimos mientras estamos en este mundo.
4.- Por eso el Señor nos traza el camino, el camino de santidad, que son las Bienaventuranzas. Podemos decir que el evangelio nos está presentado la identidad del discípulo del Reino. Por eso son Bienaventuranzas, porque apuntan a la plenitud del Reino.
A Bienaventuranza fundamental es la pobreza, pero la auténtica pobreza, el que tiene espíritu de pobre. Pues sólo el que tiene espíritu de pobre puede ser manso, limpio de corazón, trabajar por la paz. El modelo es el mismo Jesús, el pobre por excelencia, el Hijo por excelencia.
Nosotros estamos llamados a caminar por este camino, por este estilo de vida.
No se trata de ideales inalcanzables, sino de un camino que es preciso recorrer en el seguimiento del primer Bienaventurado: Jesús.
Otros ya lo han hecho y hoy los recordamos. Que esta memoria nos anime y ayude.
Hermano Pastor.