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Homilia para la Eucaristía del domingo 23 de agosto de 2026.

DOMINGO XXI. A

Isaías 22,19-23: Anuncio de un nuevo administrador del palacio real, Eliecer, a quien se le dará pleno poder. Es promesa de un Administrador fiel, con pleno poder: Jesús.

Romanos 11, 33-36: Himno a la Sabiduría de Dios que se manifiesta en el Plan de salvación, muchas veces incomprensible para nosotros.

Mateo 16,13-20: Jesús es reconocido como el Cristo, por medio del cual Dios actúa en el mundo. Jesús designa a Simón un oficio: ser la piedra de cimiento de la comunidad.

1.- Dios, autor y dueño de todo, deja en manos del hombre todo lo que ha creado para que sea su administrador. El hombre no es dueño, sino administrador de la creación. Los gobernantes no son dueños, sino administradores de los pueblos. Y así es Él  el que pone al frente de su casa a aquellos que sepan servir y administrar bien a su Pueblo.. Aquí lo que importa es el Pueblo, la heredad de Dios. Al administrador se le confiere el poder necesario para ejercer esta administración.

En el lenguaje bíblico “llave” significa poder-autoridad para abrir y cerrar, para administrar en la Casa de Dios.

2.-Llega a ser casi escandaloso que el Señor ponga en manos de los hombres lo más hermoso y querido: su creación y su Pueblo. Pero ahí está la Sabiduría de Dios. ¿Quién puede comprender lo que Dios quiere realizar? Como dice san Pablo: “Todo viene de Él, ha sido hecho por Él y es para Él”.

De modo que somos responsables de todo ante Él, ya que somos simples administradores.

3.- Sí, administradores, pero ¿qué tipo de administradores? Cuando vemos de qué manera estamos mal administrando la creación que Dios puso en nuestras manos. Tratando el Bien Común de los pueblos como administradores corruptos. Mal administrando la Casa de Dios al no proporcionarle a su Pueblo, la Iglesia, el alimento necesario, que es su Palabra divina. Y así, muchas otras manifestaciones de una mala administración.

4.- Por eso el evangelio es muy claro. Si nosotros somos cristianos lo es porque reconocemos y aceptamos a Jesús como el Cristo, el Mesías de Dios y el Señor. Es Él quien forma de todos nosotros un Pueblo nuevo, su Comunidad y deja la administración de ésta en las manos de un hombre débil, Pedro, en los 12 Apóstoles.  Si éstos cargan las llaves del Reino no es para ejercer un poder terrenal, sino espiritual, sirviendo al Pueblo de Dios.

Pedro y sus sucesores tienen el poder de abrir y cerrar la puerta de la fe y guiar a la comunidad. El texto nos habla de “atar y desatar”, es decir, la facultad de tomar decisiones doctrinales y espirituales en beneficio de la comunidad, no en provecho propio.

Pedro, los Apóstoles, el Papa, los obispos, no son dueños de la Iglesia, sino simples administradores, servidores puestos por Dios al frente de su Pueblo.

La consecuencia de todo esto es el vivir en comunión con el Papa, con los Pastores de la Iglesia y toda la comunidad eclesial. La Iglesia es un Misterio de Comunión. Y romper la comunión es grave.

No existe un cristianismo individualista, ya que la única dimensión válida de la fe es la dimensión comunitaria.

Hoy hacemos comunión con Cristo, co todo el Cuerpo de la Iglesia y ente nosotros mismos.

Celebremos, hermanos.

Hno. Pastor.