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Homilía para la Eucaristía del domingo 05 de julio de 2026.

DOMINGO XIV. A


Zacarías 9,9-10: Un himno típicamente mesiánico que anuncia la llegada de un rey, pero en forma humilde y sencilla.
Romanos 8,9.11-13: Pablo presenta los principios que rigen la vida moral del hombre: la carne y el espíritu. El que es de Cristo vive del Espíritu..
Mateo 11, 25-30: Jesús, el manso y humilde de corazón, está presente en medio nuestro. Jesús es alivio para los oprimidos.

1.- Hoy se anuncia la venida de un rey Salvador. Pero su figura puede decepcionar, ya que es humilde, pacífico, con una apariencia que no tiene nada de combativo, sino todo lo contrario, es manso y humilde. Un Rey victorioso, porque viene a destruir lo dañino, lo que acarrea la muerte. Y trae la paz no a un pueblo, sino a todos los hombres.
Pero, teniendo en cuenta esta afirmación, nos preguntamos por qué hay tanta muerte, dolor. Y la respuesta la encontramos en lo que nos dice san Pablo.


2.- Existen en el hombre dos principios que lo mueven todo: la carne y el Espíritu.
Vivir según la carne, es decir, dejarse llevar por los impulsos humanos, por las pulsiones de antipatía o simpatía. El que está sometido a la carne está sometido y destinado a la muerte, es decir a estar sin Dios. En cambio el que vive de acuerdo al Espíritu lleva dentro de sí el principio de vida, una vida nueva, la vida de Dios.
Es interesante la afirmación que hace san Pablo: “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo”. De donde se puede deducir lo contrario: el que tiene el Espíritu de Cristo se deja conducir por el Espíritu Santo; por lo tanto es de Cristo. Por eso, la vida de todo cristiano es una vida esencialmente espiritual, no carnal. Y por ser vida espiritual tiene que encarnarse, mostrarse a través de la carne.


3.- Volviendo a lo que decía al principio, constatamos la existencia de conflictos a todo nivel.
Y los conflictos existen porque los humanos somos demasiado chúcaros, como animales no domesticados, esclavos de sus instintos y de su egoísmo. Y un creyente no puede ser así; debe superar todos esos impulsos e instintos viviendo una vida verdaderamente espiritual, no carnal. No debe ser chúcaro, sino manso, humilde.
A propósito dice el Papa León en su Encíclica Magnifica Humanitas 188: “En los tiempos que vivimos se está consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a una variable secundaria respecto a los intereses estratégicos. Esta cultura del poder penetra en la sociedad, modifica las relaciones y los comportamientos, se expande normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor, aprovechándose de la crisis del multilateralismo y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas”.


4.- El evangelio nos presenta a Jesús manso, no esclavo de sus instintos. Él tiene un yugo diferente, porque su yugo es la Ley del amor. Jesús nos ofrece algo nuevo: la mansedumbre, el alivio.
Hoy día el evangelio inspira una nueva ética, con criterios precisos de discernimiento, tales como la responsabilidad personal, el darse tiempo para decidir, no siendo precipitados en nuestro actuar, teniendo siempre en cuenta a las personas más débiles y desprotegidas.
Debemos aplicar a la realidad de hoy lo que nos dice la Palabra de Dios. Ser promotores de paz y bien en nuestros ambientes.


Hno. Pastor.