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EDD. viernes 15 de mayo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (18,9-18):

CUANDO estaba Pablo en Corinto, una noche le dijo el Señor en una visión:
«No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad».
Se quedó, pues, allí un año y medio, enseñando entre ellos la palabra de Dios.
Pero, siendo Gallón procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron de común acuerdo contra Pablo y lo condujeron al tribunal diciendo:
«Este induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la ley».
Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Gallón dijo a los judíos:
«Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia; pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, vedlo vosotros. Yo no quiero ser juez de esos asuntos».
Y les ordenó despejar el tribunal.
Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal, sin que Galión se preocupara de ello.
Pablo se quedó allí todavía bastantes días; luego se despidió de los hermanos y se embarco para Siria con Priscila y Aquila. En Cencreas se había hecho rapar la cabeza, porque había hecho un voto.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 46,2-3,4-5.6-7

R/. Dios es el rey del mundo

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,20-23a):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.
También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Celebramos hoy un santo del siglo XII, sobre el que hay muchas leyendas, y también grandes verdades. San Isidro Labrador no es conocido por lo que dijo. En realidad, no se sabe lo que dijo si es que dijo algo. Sí se sabe lo que hacía. Era un labriego sencillo, pobre y humilde. Pero es el patrón no solo de la capital de España sino de todos los grupos, asociaciones y movimientos de gente que cuida el campo. Hoy día vemos al campo, con las políticas disparatadas, castigado y hostigado. Hoy hace falta la intercesión de san Isidro por todos aquellos que ven toda una tradición familiar de cuidar la tierra como alejarse. Es algo paradójico: cuanto más se habla de ecología, más parecen sufrir los que cuidan de la tierra.

Para un mundo volcado en el trepar, dominar, sobresalir, tener prestigio, la figura de san Isidro no parecería ser muy gloriosa. Y sin embargo, el pasaje del evangelio de hoy lo dice claramente: la gloria del Padre es el fruto abundante que demos. “La gloria de Dios,” decía san Ireneo, “es el ser humano plenamente vivo.” Es una gloria extraña y aparentemente sin ningún mérito personal: se trata de confiar, esperar las lluvias, permanecer en la vid verdadera. Y eso es lo que reflejó san Isidro en toda su vida. Desde ahí, se puede pedir lo que se quiera. Solo desde ahí obtenía Isidro algún fruto de sus esfuerzos y labores.

Hay otro aspecto de la vida de san Isidro que también puede ser denuncia en este mundo donde parece importar más lo que se tiene que lo que se es. Isidro, un hombre de familia, sencillo y pobre, hacía tres partes de su escaso salario: una para los pobres, otra para la Iglesia, y otra para su familia (su esposa, santa María de la Cabeza, y su hijo). No comenzaba nunca su día sin dedicar tiempo a la oración y a la Eucaristía, por lo que parece ser que era criticado y perseguido. Pero sus patrones nunca encontraron a faltar el producto del trabajo asignado, sino que parece que producía incluso más que quienes lo acusaban.

Isidro nunca relumbró según los estándares de este mundo. Pero brilla con la gloria del Padre por el fruto que, a lo largo de los siglos, ha dado su vida. A veces nos podemos sentir tentados a alcanzar fama (o incluso santidad) por grandes y deslumbrantes obras. Y lo único necesario es el brillo de nuestros buenos frutos en nuestra vida diaria.

Cármen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/