Homilía para la Eucaristía del domingo 10 de mayo de 2026
DOMINGO SEXTO DE PASCUA.
Hechos 8,5-8.14-17: El evangelio llega a Samaria y también se comunica el Espíritu Santo.
1Pedro 3,15-18: Se describe la conducta del cristiano en tiempo de persecución. Debe ser: feliz en medio de la persecución, capaz de defender su fe, testimoniar con una vida santa. Todo esto es un culto al Señor.
Juan 14,15-21: Al marcharse Jesús deja un vacío que lo llenará el Paráclito, el Defensor, el Espíritu Santo.
1.- La Palabra de Dios suena a despedida, ya no estará más Jesús presente de una manera física. Él seguirá presente, realmente presente, pero de otra manera, a través de su Espíritu. Y de hecho, la Palabra de hoy nos muestra a Jesús presente y actuante por medio de su Espíritu.
Se hace presente fuera del área de Israel, en Samaria. Se sabe que los samaritanos eran considerados unos herejes y apóstatas por los judíos; por eso no trataban con ellos. Pues bien, allí se hace presente Jesús y realiza señales de liberación a través del Espíritu y la predicación de Felipe. Por eso el texto dice que los Apóstoles fueron a comunicarles el Espíritu Santo para que tuvieran vida.
2.- De modo que la comunidad de los creyentes tiene y hace presente a Cristo en el mundo, esté donde esté. Puede ser en un territorio tranquilo como en una zona hostil. Porque Él está presente donde esté la comunidad de los creyentes, la que debe glorificar a Cristo el Señor con un estilo de vida santo. Esto viene a significar: dar culto al Señor. Porque la vida nuestra debe ser un culto al Señor, el que no siempre será fácil, ya que va a encontrar hostilidad, persecución. Por eso la Palabra nos está indicando de qué manera vamos a hacer presente a Jesucristo en nuestro ambiente: con alegría, ya que tenemos una esperanza cierta, dando razón de nuestra esperanza. Ya lo dijo Jesús: “Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes”. (Mateo 10,19-20). Es Cristo presente quien actúa por medio del Espíritu Santo.
3.- No han faltado ni faltarán las hostilidades hacia la Iglesia. Primero vinieron del judaísmo, luego del mundo griego, luego de todo el peso y fuerza del Imperio Romano Y a lo largo de la historia no han faltado los ataques, directos e indirectos. Por la prensa sabemos cómo la soberbia de un dictador de turno se abalanza contra la Iglesia. Tenemos que saber resistir con fortaleza y sobriedad; porque el demonio anda como león rugiente buscando a quien devorar (cfr. 1Pedro 5,8).
4.- Pero no quedamos solos. El Señor nos promete “Otro” Paráclito, Defensor. ¿Por qué otro? Porque Jesús es el Pastor que defiende a su rebaño. Y sigue presente, ya lo sabemos, por medio de su Espíritu.
Es el Espíritu Santo el que anima, vigoriza y defiende a la Iglesia; lo hace iluminando, haciendo ver lo que realmente es lo bueno, lo que agrada a Dios. Sin este apoyo divino nada podemos hacer ni realizar. Él es quien se hace presente en todos: en los ricos y en los pobres, en los sabios e ignorantes, en los poderosos y en los débiles, en los que son “buenos” y en los que no lo son. Porque la luz nunca puede ser detenida, siempre se expande. Nadie tiene el monopolio del Espíritu Santo. Él actúa donde quiere, porque “el viento sopla donde quiere” (Juan 3,8) y nos defiende de todo mal. Entonces nos conviene que Él se vaya físicamente.
Hno. Pastor.