Homilía para la Eucaristía del domingo 19 de abril de 2026.
DOMINGO TERCERO DE PASCUA. A
Hechos 2,14.22-28: Primera proclamación del Mensaje dee salvación. Dios ha acreditado a su Hijo Jesús resucitándolo como Mesías.
1Pedro 1,17-21: No debemos olvidar que hemos sido rescatados por Cristo; por eso debemos vivir nuestro peregrinar a Dios.
Lucas 24,13-35: El Resucitado es reconocido por los discípulo en la fracción del pan.
1.- Estamos celebrando a Jesús, el Señor, a quien el Padre, al resucitarlo, lo acreditó como Mesías. Es decir, nos da la seguridad plena de que Él, Jesús, es el Salvador, el que nos ha rescatado. Esa es la verdad, Dios nos ha rescatado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Y el precio, como dice Pedro, es con su Sangre Preciosa. Y así como rescató al pueblo israelita de la esclavitud del faraón, también a nosotros nos ha rescatado y estamos peregrinando por este mundo. Peregrinación que debemos realizar con respeto. Así como Dios acredita a su Hijo resucitándolo, nosotros debemos acreditar a Dios viviendo como resucitados.
2.- La carta de Pedro insiste en una gran verdad: somos peregrinos y forasteros en este mundo, lo que exige un estilo de vida que no es de instalados.
La vivencia de la fe comprende tres aspectos: salir, peregrinar, llegar. Salir, del pecado, lo que hemos realizado en el Bautismo. Peregrinar, llevando un estilo de vida, el de Jesús. Llegar, a la Comunión plena con Dios Padre.
3.- A veces se nos olvida esto. Y vivimos una vida instalada, espiritual burguesa, la que se traducirá en una vida burguesa, chata, inerte, que nada produce. ¡Y Dios nos quiere con frutos buenos y abundantes! Jesús quiere una Iglesia dinámica, viva y de testimonio, no una Iglesia mortecina, inerte, que más que atraer aleja.
Hay Iglesia, grupos, comunidades religiosas que luchan sólo por sobrevivir y no para dar a conocer el Mensaje de Jesús. Y el Señor nos quiere como Testigos de su resurrección, de su vida.
4.- La escena de Emaús puede retratar ya sea a la Iglesia o a un cristiano. Ya sabemos que vamos caminando. Pero no saliendo del pecado, sino caminamos bajoneados, desanimados, sin esperanza. Lo peor que puede sucederle a una persona es perder la esperanza, la razón de ser de su vida.
Los que caminaban hacia Emaús iban decepcionados, no ha pasado nada de lo que se les había dicho. Con la muerte de Jesús todo acabó, se derrumbó, un tremendo fracaso. A pesar de que Jesús iba con ellos, ellos no están en condiciones de reconocerlo, la frustración y la pena cierra sus ojos. Es que el Resucitado se deja ver con los ojos de la fe. Lo esencial se ve con el corazón.
A veces nos preguntamos si el Señor está con nosotros, pero lo importante es descubrir al Resucitado junto a nosotros. ¡LA FE! Creerle a Dios, darle crédito a Él, así como Él nos acredita con signos que Jesús vive. Y el mejor de los signos lo tenemos a la mano: la Fracción del Pan, donde el Señor se nos manifiesta generosamente.
Somos peregrinos, pero no vamos solos. Salgamos de aquí como los de Emaús y confesemos con nuestras vidas que es verdad: ¡Jesús Resucitó!.
Hno. Pastor