Homilía para la Eucaristía del domingo 5 de abril de 2026.
DOMINGO DE PASCUA.
Hechos 10,34.37-43: Pedro proclama la resurrección de Cristo como el acontecimiento que ilumina toda la vida y actividad de Jesús, desde el bautismo hasta su Resurrección.
Colosenses 3,1-4: Por el bautismo el cristiano participa de la Resurrección de Cristo. Por eso se le exige una vida nueva.
Juan 20,1-9: La Resurrección es la clave por la que los discípulos entienden todo el misterio de Cristo. Todo cobra sentido.
1.- Estamos celebrando el misterio central de nuestra fe cristiana. Celebrar la Resurrección de Jesús es aceptar el poder de Dios para dar vida. Porque, como dice el discurso de Pedro, “Dios lo resucitó”, es decir, el poder de Dios ha sido capaz de dar vida allí donde no la había. Es la misma fe que proclama san Pablo cuando él dice: “nosotros tenemos fe en Aquel que resucitó a Nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 4,24). Por esta fe damos gloria a Dios reconociendo su poder. Y esta fe en el Resucitado aclara y explica todo lo de Cristo. Por la Resurrección se entiende el discurso de Jesús, el estilo de vida de Jesús, todo lo que Él hizo en este mundo.
2.- Pero esta fe en Cristo Resucitado sería una simple teoría si no tuviera implicancias para nosotros. San Pablo nos dice que el creyente al ser bautizado participa de este misterio. Así como Jesús fue muerto, sepultado y resucitado, del mismo modo el creyente muere a su vida de pecado, es sepultado (sumergido-bautizado) en Cristo para salir del agua como un hombre nuevo resucitado con Él.
La resurrección se hace realidad en el bautismo, el cual es apenas un inicio de una vida que se tiene que desarrollar.
3.- Desgraciadamente pocos saben lo que significa el bautismo. Se conforman con el rito, pero no se toma en serio lo que este rito significa.
Al inicio de la vida de la Iglesia eran bautizados los que se habían convertido. Hoy, en cambio, hay que convertir a los bautizados.
Por eso san Pablo nos dice que debemos tener puesto nuestro pensamiento, nuestra vida, en Cristo, ya que estamos muertos para el mundo, pero vivos para Dios. Entonces se entiende aquello que dice san Juan: “el que cree en Mí, aunque muera, vivirá” (Juan 11,25).
4.- Muchas veces el Señor reprochó a sus discípulos porque eran duros de entendimiento (cfr. Lucas 24,25). Es comprensible que no entendieran, no tenían la clave. Pero la resurrección les abrió el entendimiento a ellos y también a nosotros.
La fe en el Resucitado nos invita a tener una nueva actitud frente a tanta guerra y muerte como hay en el mundo. Tener una actitud diferente ante el dolor, la enfermedad. Porque, “si Cristo no resucitó es vana nuestra fe” (1Corintios 15,14)
Por eso, no cabe en un cristiano la desesperación, ya que creemos en la vida. Son los incrédulos los que se quedan en la muerte y la cultivan.
Celebremos, hermanos a Cristo resucitado.
Hno. Pastor.