Comentario al Evangelio del Primer domingo de Adviento.
– Cada Adviento es un tiempo de esperanza. Este año de 2025 coincide con la celebración del jubileo de la esperanza, una esperanza que no engaña porque brota del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones. Nuestra confianza siempre nos hace retomar porque hay promesas ya cumplidas y otras que deseamos que se cumplan porque Dios se manifiesta y sigue caminando con nosotros. La Palabra de Dios nos hace siempre soñar en la realización del proyecto que Dios tiene para la humanidad: un mundo nuevo, nuevas relaciones, una fraternidad donde no hay fronteras; a él se unirán todas las naciones, como dice el profeta Isaías. El sueño del Adviento no es una evasión de la vida cotidiana o la tentación del poder, de la gloria y del bienestar. Nuestro sueño es una participación en la vida de Dios porque se basa en su amor, en su cercanía, en su deseo de estar con la humanidad. Es siempre este sueño que retomamos en cada Adviento. La esperanza de este tiempo se combina con la vigilancia porque no es una esperanza ciega. Es siempre una preparación, una prevención, el estar dispuesto a acoger lo que viene y, en esta actitud, descubrimos siempre en el horizonte señales que nos permiten confiar. Nuestra mirada no se queda solo en las apariencias, en la superficie, sino que profundiza en la realidad para darse cuenta de lo que ya hemos hecho y aún tenemos que hacer. Deseo un feliz tiempo de adviento a cada uno de nosotros. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos, OFMCap.