Comentario al Evangelio del domingo 11 de mayo de 2025.

IV Domingo de Pascua – San Juan 10, 27-30
¡Cuántas heridas, cuántas lágrimas en nuestro presente, en nuestro mundo, en la familia! Jesucristo, el Cordero, es nuestra fundada esperanza. Necesitamos unirnos a él, seguir sus pasos, vivir su vida, la que nos ofrece en la Eucaristía, la que nos identifica con él mismo.
Queridos hermanos y hermanas, hoy celebramos el Cuarto Domingo de Pascua, conocido tradicionalmente como el Domingo del Buen Pastor. El Evangelio que acabamos de escuchar nos ofrece una de las imágenes más tiernas y poderosas de Jesús: la del pastor que cuida con amor, con firmeza y con fidelidad a sus ovejas.
La palabra de Dios nos invita en este fin de semana a reflexionar sobre tres verbos; escuchar, conocer y seguir, que caracteriza de la relación de Jesús con sus ovejas.
Escuchar – Jesús dice que sus ovejas escuchan su voz. Escuchar no es solo oír, sino estar atentos, discernir entre tantas voces y seguir la voz del verdadero Pastor. En medio del ruido del mundo, el creyente está llamado a cultivar una vida de oración y silencio interior para reconocer la voz de Cristo.
Conocer – Jesús afirma: “Yo las conozco”. Este conocimiento es profundo e íntimo; no se trata de un conocimiento superficial, sino del amor personal de Cristo por cada uno.
Seguir – La consecuencia de escuchar y de conocer es el seguimiento: “ellas me siguen”. Seguir a Jesús implica confiar en Él, imitarlo, cargar la propia cruz y caminar en sus pasos. No es fácil, pero es el camino hacia la vida eterna que Él mismo promete.
Hermanos y hermanas, Jesús nos dice: “Mis ovejas escuchan mi voz”. Esta es la primera característica del discípulo: sabe escuchar. No se trata solo de oír con los oídos, sino de acoger con el corazón la palabra del Señor, de reconocer su voz entre tantas otras que nos distraen y confunden. En medio del ruido del mundo, ¿nos detenemos a escuchar la voz del Buen Pastor?
Jesús también dice: “Yo las conozco y ellas me siguen”. Él no nos conoce de manera superficial; nos conoce por dentro, conoce nuestras heridas, nuestras luchas, nuestras caídas, y aun así nos llama por nuestro nombre, como un pastor que ama a cada oveja de su rebaño. Y nosotros, como respuesta, lo seguimos, no por obligación, sino porque confiamos en su amor y en su guía.
Este seguimiento no es estéril ni incierto. Jesús hace una promesa bellísima: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás”. Aquí está el núcleo de la esperanza cristiana: la vida que no acaba, la comunión eterna con Dios. Jesús nos asegura que nadie puede arrebatarnos de su mano, ni del Padre, porque “el Padre y yo somos uno”.
Este texto, aunque breve, está lleno de consuelo: no estamos solos, no estamos a la deriva. Somos parte de un rebaño que tiene un Pastor bueno, fiel y eterno. Y ese Pastor no solo cuida de nosotros: da la vida por nosotros.
Hoy es también la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En este contexto, pedimos al Señor que siga suscitando pastores según su corazón: sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos, que sepan guiar, servir y entregar su vida por los demás. Y también nos preguntamos: ¿cómo puedo yo, en mi vocación particular, reflejar el rostro del Buen Pastor?
Que en esta Pascua renovemos nuestra confianza en Cristo, y escuchemos de nuevo su voz que nos dice: “No tengas miedo, tú eres mío, nadie te arrebatará de mi mano”. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.