Homilía para la Eucaristía del domingo 19 de enero de 2025.
DOMINGO SEGUNDO. CICLO C.
Isaías 62,1-5: Ante un pueblo escéptico, materialista, que le ha dado la espalda al Señor,
el profeta no puede callar. Proclama un tiempo nuevo, por eso tendrá Israel otro nombre,
vivirá otra realidad.
1Corintios 12,4-11: La Comunidad cristiana está dotada de carismas, dones que hay que
cuidar, ya que son para el bien de todos y no para beneficio personal.
Juan 2, 1-11: Jesús realiza un signo-señal que revela lo que Él es y cuál es su misión. Es su
presencia la que transforma todo. Y el contexto es un banquete de bodas. Se puede decir
que este relato es una parábola en acción.
1.- Acabamos de celebrar el Misterio de la Encarnación: Dios en medio nuestro, que se nos
ha manifestado a todos para que tengamos vida. Ya en Navidad cantábamos a nuestra
vida, a nuestra historia, porque Él viene a renovarlo todo.
Así como Israel necesitó de la intervención de Dios para poder renovarse. Y no con
cualquier beneficio, sino con el que Él trae. Israel en el destierro está espiritualmente
derrotado, postrado, ya no quiere más. Y he aquí al Profeta, que no puede callar ni
descansar, porque sabe que el Señor quiere intervenir y hacer algo grande con su Pueblo,
anuncia algo nuevo. Israel será transformado: de abandonada y descartada la nación será
el deleite y la Esposa del Señor. He aquí un gran e inaudito anuncio: Israel ya no será sólo
el Pueblo de Dios, sino también la Esposa, la favorita de Dios. Mejor señal de salvación no
se puede dar. Es el Señor que a eso vendrá.
2.- La Comunidad cristiana es la heredera del Pueblo de Dios. Así como Yahveh, Esposo de
Israel, colmó de dones a su Pueblo, del mismo modo ahora lo hace con la comunidad de
los creyentes, para que crezca y luzca como la Esposa engalanada para su Señor.
Los done que el Seño regala no son para provecho personal, sino el Señor los da para
beneficio y embellecimiento de su Esposa, que es la Comunidad de los creyentes.
3.- Lo que se espera de esta Alianza nupcial entre Dios y la humanidad es la armonía, la
unidad y la paz. Porque si el Señor vino y viene a nosotros es, como ya se ha dicho, para
que tengamos vida plena.
Pero el triste espectáculo que estamos presentando indica lo contrario. Porque no existe
la armonía ni la paz; cada uno, sea una persona individual o un grupo, busca sólo su propio
interés. De allí la apatía imperante, la gente no está ni ahí con lo de Dios Hacemos de
nuestra realidad un infierno y no el Reino de Dios.
4.- Precisamente Jesús nos muestra con esta señal cuál es su misión: Él viene a renovarlo
todo.
Dios reveló su gloria en la Alianza del Sinaí, cuando hizo de Israel su Pueblo-Esposa. En
Caná Jesús reveló su gloria, ya que Él muestra lo que viene a realizar: el Banquete del
Reino, al que todos estamos invitados, Banquete en el que todo es nuevo, porque en el
Reino todo es nuevo. En Apocalipsis 21,5 leemos: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Esa es
la misión del Mesías.
El agua ya no basta para la purificación, ahora se ofrece el vino nuevo del Reino de Dios.
Y es Ella, la Madre, es la que hace que Jesús adelante su hora, la hora en la que el Señor
comienza a intervenir. Esa es también la misión de la Iglesia, de cada cristiano, trabajar
por la implantación del Reino de Dios. ¡Que venga tu Reino, Señor!
Dice el texto que sus discípulos creyeron en Él. Y nosotros, ¿creeremos en Él?
Hno. Pastor Salvo.