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Homilía para la Eucaristía del domingo 09 de enero de 2022.

EL BAUTISMO DEL SEÑOR. 

Isaías 40,1-5.9-11: Un texto esperanzador, que ya fue proclamado en el Adviento. A un pueblo que se siente dejado de la mano de Dios se le promete consuelo: ya llega la salvación, pronto se revelará. 

Tito 2,11-14; 3,4-7: Dios nos salvó gratuitamente, por eso debe haber una vida nueva. Dios manifestó su bondad al salvarnos por medio del bautismo y el don del Espíritu Santo. 

Lucas 3,15-16.21-22: Hay dos aspectos: 

Uno, Juan Bautista bautiza =sumerge en el agua. Jesús bautiza en el Espíritu, es decir, dando vida nueva a los crean en Él. 

Dos, Jesús al salir del agua es lleno del Espíritu Santo y presentado como el Hijo predilecto. 

1.- La vida de todo ser humano se ve retratada en la historia de Israel. Para Israel pasa el tiempo, siglos viviendo en la opresión, la esclavitud. Lo mismo sucede con países en la actualidad. La naturaleza y el hombre se ensañan contra algunos pueblos. ¡Cuántas veces puede el ser humano sentirse como abandonado de las manos de Dios! Por más que avancemos, siempre experimentamos la aflicción. Pero la Palabra de Dios nos trae un mensaje esperanzador, de consuelo. En su historia el Pueblo de Dios, Israel, experimentó una terrible sequía, una ausencia total del Espíritu, de su manifestación. Sequía que produce una sed que nada ni nadie puede saciar. Por más que se busquen paliativos para calmar esa sed de plenitud, de felicidad, sigue habiendo más sed. 

2.- Pero ahí está Dios. Él quiere consolar, aliviar, sanar.  Y nos muestra, nos manifiesta a Aquel que puede saciar nuestra sed, ya que Él tiene la plenitud del Espíritu y lo quiere dar. Él mismo lo dice: “El que tenga sed, venga a Mí; y beba el que cree en Mí”. Ya que Él es la Fuente, de Él brota el agua viva. Lo muestra a la samaritana: “el que beba del agua que Yo le daré, nunca volverá a tener sed”. 

(cfr. Juan 7,37-39; 4,14). 

Por eso, cuando los evangelios nos hablan del Bautismo de Jesús están dando una Buena Noticia: Jesús es el Hijo predilecto, el que posee el Espíritu en plenitud. Y al poseer este Espíritu lo da, nos da su vida en plenitud. 

Sólo Jesús puede saciar esa sed de plenitud, de felicidad y de amor. Evidentemente estoy hablando a personas que tienen fe en el Señor. Y al que no tiene esta fe le diría que intente abrirse a Él, pida y se le dará. 

3.- Todo ser humano tiene una sed inmensa, o necesidades básicas tales como la de: amar, sentirse amado, valorado, tenido en cuenta, etc.  

En la sociedad hay muchos insatisfechos porque no saben amar o porque no se han sentido amados, valorados. Más bien, yo diría que hoy existe mucha gente ninguneada, de baja autoestima, que viven desadaptados en medio de la sociedad, incluso de su familia. Hay muchos insatisfechos que mendigan; buscan y no encuentran, porque buscan mal, buscan donde no está la fuente. Hoy día cabe lo que dice el profeta Jeremías: “Porque mi Pueblo ha cometido dos maldades: me abandonaron a Mí, la fuente de agua viva, para cavarse cisternas agrietadas, que no retienen el agua.” (Jeremías 2,13). En mi experiencia pastoral he conocido gente que está cansada de “gozar”, no son felices. Viven una terrible sequía interior. Hay cristianos que no han descubierto lo que son: bautizados, hijos de Dios. ¡Y pensar que hay muchos así! 

4.- Dios nos dice hoy: “Consuelen, consuelen a mi Pueblo”. Hoy la Palabra de Dios nos dice: “La bondad de Dios se manifestó a los hombres por su misericordia. Él nos salvó, haciéndonos renacer por el Bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo”. Hoy también el Señor nos mira y declara solemnemente: “Tú eres mi hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Cierto, hermano. Por eso puedes acertarte a esta Mesa santa y participar del Banquete del Reino. 

Por eso celebramos hoy el misterio del Bautismo de Jesús, ya que nos recuerda nuestra dignidad de hijos amados. Porque en el Bautismo Jesús fue mostrado a todos en lo que Él es: el Hijo amado del Padre que viene a revitalizarnos. 

Hermano Pastor Salvo Beas.