EDD. lunes 12 de octubre de 2026.
Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4,22-24.26-27.31–5,1):
En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios. Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas. Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí. La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.» Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre. Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 112,1-2.3-4.5-7
R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.
De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono y se abaja
para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,29-32):
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
A vueltas siempre con lo de los signos. Y por signos solemos entender actuaciones espectaculares de Dios, grandes milagros, imposibles desde el punto de vista de la ciencia, pero que Dios puede hacer porque se puede saltar a la torera las leyes de la física que él mismo ha creado. ¡Para eso es Todopoderoso! Y ahí nos quedamos esperando que el sol se apague y se vuelva a encender o que llueva pero sin caer agua o que vengan las lluvias que llevan tiempo sin caer y que pueden salvar la cosecha. O, bajando a un nivel más cercano, que se cure el cáncer de mi familiar o que mi hijo encuentre trabajo o que la sentencia del tribunal sea favorable. Siempre intentando que Dios nos resuelva los problemas. Los pequeños y los grandes, los de la vida diaria y los del sentido de nuestra vida. Porque, si vemos a Dios que es capaz de parar el sol en el cielo, ya nos ahorramos todo eso de creer que tantas veces nos cuesta.
Pero la verdad es que nuestro Dios no es precisamente como le imaginamos en nuestras pobres mentes. Nuestro Dios, a saber por qué, prefiere los signos pequeños, casi escondidos. Son esos signos que hay que aguzar la vista y que hay que mirar con el corazón. Para ver lo que está oculto. Los signos que hace nuestro Dios no son invasivos. No arrasan. Simplemente están ahí, presentes, sin hacer mucho ruido. A veces hasta da la impresión de que no significan nada o que significan lo contrario.
Así hasta llegar a ver la presencia de Dios encarnado en el niño recién nacido en una cuadra sucia y maloliente. O en el hombre que recorre los caminos polvorientos de Palestina acercándose a los más pobres, a los enfermos, a los marginados, a los oficialmente pecadores. O en el crucificado, la negación de la vida, el signo de la exclusión total, el monumento a la muerte.
Hay que abrir los ojos y el corazón para ver no lo que queremos ver sino lo que está realmente ante nuestros ojos. Y a Dios, al Abbá de Jesús, no lo encontraremos en los grandes milagros sino en lo humilde y más pobre y abandonado de nuestro mundo.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/