Homilía para la Eucaristía del domingo 06 de septiembre de 2026.
DOMINGO XXIII. A
Ezequiel33,7-9: El Profeta tiene la misión, una nueva exigencia, la de ser un Centinela de su Pueblo.
Romanos 13,8-10: La norma suprema del que vive en una Comunidad es el Amor, que es la única deuda que hemos de tener y es la plenitud de la Ley.
Mateo 18,15-20: Jesús habla de la corresponsabilidad fraterna, que lleva a la corrección fraterna.
1.- Bien sabemos que las ciudades antiguas eran amuralladas para poder así protegerse de los enemigos y tenían unas torres altas (atalaya), donde estaba un centinela para vigilar el entorno y avisar la presencia del enemigo. Digo esto para entender la primera lectura. El profeta recibe una nueva misión, ser un “tzofeh”=centinela para el pueblo que, por llegar del destierro. no tenía ciudades amuralladas. Misión del profeta será avisar, hacer ver al pueblo los peligros que le asechan. Tiene que interpelar a todos, al justo, al pecador. Y todo esto por exigencia amorosa de Dios, que quiere salvar a todos. Entonces el Profeta debe ser un recadero de Dios que le lleva al pueblo lo que Dios quiere y espera de él. Y todo por amor a su Pueblo.
2.- La Comunidad, el Pueblo de Dios, tiene una norma suprema: la vivencia del amor fraterno. Dentro de las muchas deudas que nosotros contraemos está la deuda más cara, la del amor mutuo. El vivir esta ley abarca a todas las demás leyes; por eso es la más importante y fundamental. Sin la vivencia de esta norma es imposible la vida en comunidad. Y resulta vano, por no decir difícil, el no aplicar esta norma de amor mutuo. Un amor que va más allá de los sentimientos.
3.- Lo que nos dice la Palabra de Dios es desafiante, ya que hoy se vive otra cultura, hoy se practica mucho el individualismo a todo nivel: en la sociedad, en la familia, en la comunidad, incluso la religiosa. Hoy mucha gente vive refugiada en su celular, lo que se aprecia en el metro, en los restaurantes, en la mesa familiar, etc. Hay un “slogan”: es mi vida, ok.? Nadie se mete con nadie, cada uno vive en su metro cuadrado. Nadie se debe inmiscuir en la vida del otro.
El respeto por el otro, que siempre es bueno, viene siendo una excusa para que nadie se meta en la vida del otro, aunque esté en una situación difícil.
4.- En cambio el Señor nos habla de interesarnos por el otro. Somos responsables los unos de los otros. Cada uno es un centinela del otro y debemos hacer ver al otro el peligro que le asecha.
Lo que dice Ezequiel es interesante: “Si él no se convierte (no te escucha), él es el responsable. Lo mismo da a entender el evangelio de hoy: “si no les escucha considéralo como un pagano”, es decir, él mismo se está excluyendo de la comunidad.
Evidentemente que todo debe ser saturado de amor, de lo contrario se tornaría amargo e inútil.
El Señor nos corrige porque nos ama. Un padre de familia, un educador, un hermano, debe hacerlo con amor, el que debe traducirse en un exquisito respeto por el hermano. Y es lo que más falta en nuestra sociedad.
Jesús, el amigo, el Pastor, el centinela u Obispo de nuestras vidas (cfr. 1Pedro 2,25), nos cuida y nos hace ver qué es lo que nos conviene para crecer en la fe. Por eso, con el salmo podemos decir: “Ojalá escuchen la voz del Señor”. Y yo les digo: Escúchenla, pero háganle caso.
Hno. Pastor.