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Homilía para la Eucaristía del domingo 12 de julio de 2026.

DOMINGO XV año A.


Isaías 55,10-11: Se presenta la eficacia de la Palabra de Dios. La única condición: escucharla, aceptarla.
Romanos 8,18-23: Toda la creación espera nuestra manifestación como hijos de Dios, una vida transformada por el Espíritu Sanyo.
Mateo 13.1-23: La Parábola del sembrador explicada por el mismo evangelio-

1.- El Profeta nos habla de la eficacia de la Palabra de Dios. Y en el evangelio de san Juan leemos: “Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra.”(Juan 1,1-3)
En el norte de nuestro país se da un fenómeno que viene a ilustrar lo que dice el Profeta: es el desierto florido. Allí donde no hay yerba alguna, con un poco de lluvia brota la vida, tenemos una alfombra de flores.
Así es la Palabra de Dios, siempre eficaz, siempre fecunda. Pero la hacemos estéril al no escucharla. He aquí lo más importante. La Palabra de Dios rompe la lejanía, se acerca al hombre. De hecho, volviendo a san Juan, leemos: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”.
2.- Si la tierra es impermeable seguirá siendo estéril. En cambio, cuando acepta el agua es fecunda. Cuando aceptamos la Palabra se cumple lo de san Juan: “a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios”. (Juan 1,12). Tenemos que ser y manifestarnos como hijos de Dios, como personas maduras. Sólo así estaremos beneficiando no sólo a la humanidad, sino al mundo, al cosmos, como nos lo dice san Pablo.
3.- Efectivamente, así como la carencia de agua produce aridez, la carencia de la Palabra produce también aridez. Dios hizo el cosmos, es decir, el orden, la belleza. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes.(Laudato si,2) Por eso, razón tenía el Apóstol al decir que la creación gime, llora y ansía la manifestación del creyente, del que es hijo de Dios por aceptar la Palabra Divina.
4.- “Salió el sembrado a sembrar”. Acabamos de escuchar esta Parábola. Parábola que nos presenta todo un Proyecto de vida como discípulo del Reino de Dios.
La Palabra del Reino puede ser acogida por cuatro tipos de personas, lo que hemos escuchado en la explicación de la misma Parábola. No basta con escuchar la Palabra, ésta debe ser entendida-comprendida. En otras palabras, lo escuchado debe ser rumiado, interiorizado. Tal vez nos hemos conformado sólo con escuchar, y eso no basta, A propósito, dice la Carta de Santiago: “Dejen de lado, entonces, toda impureza y todo resto de maldad, y reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos.
Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos.
El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es.
En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla.”(Santiago 1,21-25).
En la medida que nosotros acojamos en nuestro interior la Palabra del Reino seremos transformados y transformadores del mundo. Y esto se logra con el Espíritu Santo.
Hoy la Palabra llega a nosotros a través de los textos proclamados y a través de la Comunión del Cuerpo de Cristo. Interesa que penetre, que transforme y enriquezca nuestra vida. Bien podríamos definir al cristiano como “el hombre de la Palabra, que se alimenta de Ella” Qe sea esto una realidad en cada uno de nosotros.
Hermano Pastor.