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EDD. martes 09 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (17,7-16):

En aquellos días, se secó el torrente donde se había escondido Elías, porque no había llovido en la región. Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías: «Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí; yo mandaré a una viuda que te dé la comida.»
Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña.
La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»
Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: «La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra.»»
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 4

R/. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? R/.

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho. R/.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En el antiguo pueblo elegido Dios había establecido mediaciones, guías, “jefes religiosos”, cuyo cometido era ayudar a sus hermanos a vivir en fidelidad a la alianza. Pero Jesús recrimina repetidas veces a estos guías espirituales del judaísmo el no haber sabido cumplir con su papel: “ay de vosotros maestros de la ley, que os habéis llevado la llave del saber; ni entráis vosotros ni dejáis entrar a los que querrían” (Lc 11,52). Alguna vez llama a los escribas y fariseos “guías ciegos” (Mt 23,16). Y la narración evangélica  misma lo demuestra con alguna escena: cuando Pilatos está dispuesto a liberar a Jesús, son los jefes religiosos los que “azuzan a la multitud para que pida su muerte” (Mt 27,26).

Según este panorama, el NT recrimina a los guías religiosos, que tal vez se han aprovechado de sus “puestos de mando” pero no han apacentado al rebaño encomendado; han sido más bien como aquellos pastores de que hablaba Ezequiel, que en vez de alimentar al rebaño se alimentaban a sí mismos (Ez 34,3). Quizá Jesús lamentó lo mismo en la conocida alegoría del Buen Pastor: “todos los que han venido antes que yo eran ladrones y salteadores” (Jn 10,8).

Muchos especialistas consideran que las pequeñas comparaciones del evangelio de hoy con la luz y la sal son en su origen puras reprimendas: los líderes religiosos debieran haber sido sal y luz; pero no han cumplido con su papel. Hoy, en los tiempos de la moral ecológica, se diría que debieran haber creado una atmósfera religiosa más respirable, con nuevo resplandor y nuevo sabor; si no lo hacen, se vuelve despreciables, dignos de ser pisoteados. En realidad, la advertencia es válida para cada creyente: ¿eres sal? ¿eres luz? Es muy dura la recriminación del filósofo Nietzsche a los cristianos: “para que yo creyera en su redentor, debieran tener ellos más aspecto de redimidos”.

Parece que los primeros cristianos interpretaron muy pronto las expresiones correctivas de Jesús en sentido positivo: percibieron en ellas una llamada directa a ser luz y sal. Ya S. Pablo, en su primer escrito, llama a los cristianos “hijos de la luz”, no de las tinieblas (1Tes 5,5). Y, más tarde, exhorta a los filipenses a acoger la acción de Dios sobre ellos y a continuar siendo “hijos de Dios sin tacha” en medio de una generación torcida y depravada, “en la cual brilláis como lumbreras en medio del mundo” (Flp 2,15).

Ha habido y hay mucha luz en nuestro mundo. Muchos cristianos han practicado comportamientos heroicos, frecuentemente sin la menor pretensión de aplauso; quizá justamente por eso han brillado o brillan más. Tengamos los ojos abiertos para con esa irradiación, “contemplemos tanta buena obra, y por ella demos gloria a nuestro Padre celestial” (Mt 5,16).

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/