Homilia para la Eucaristía del domingo 31 de mayo de 2026.
SANTÍSIMA TRINIDAD.
Éxodo 34,4-6.8-9: Manifestación de Dios, el que se muestra cercano y misericordioso.
2Corintios 13,11-13: Conclusión de la carta, la que contiene una hermosa confesión de Fe en la Santísima Trinidad, el Dios Amor presente en la Comunidad en la vivencia del amor fraterno.
Juan 3,16-18: Se destaca el inmenso amor gratuito al mundo de parte del Padre, que fue capaz de entregar a su Hijo.
1.- Nosotros creemos en Dios, es decir, aceptamos a Dios en nuestras vidas. Todas las religiones creen en Dios, algunas en varios dioses. Nuestra fe cristiana es en un solo Dios, pero con una característica que ya nos presenta la primera lectura: Dios es compasivo, bondadoso, lento para enojarse y rico en Amor y Fidelidad. Y como si esto fuera poco, el texto agrega que Él está presente en medio nuestro. Bien resume todo esto san Juan en su primera carta cuando dice que “Dios es Amor” (1Juan 4,8).
Una de las características del amor es la entrega. El que ama siempre da; da cosas, da tiempo, pero sobre todo se da a sí mismo. En cambio el que no ama nunca da, no piensa más que en sí mismo. Dios es Amor porque es entrega, donación de sí mismo.
2.- Según san Pablo, la comunidad cristiana se expresa en la vivencia del Amor diferente, del Amor del Padre, la gracia de Jesucristo y la Comunión del Espíritu Santo.
San Juan Pablo II al hablar de la Espiritualidad de la Comunión nos dice que tenemos que vivir en la práctica el Misterio de la Santísima Trinidad. ¿Por qué? Porque lo que se cree hay que vivirlo. Si decimos creer en el Misterio de la Santísima trinidad, debemos vivirlo y expresarlo en nuestra vivencia de la Comunión fraterna. Ese es nuestro desafío. Vivir la Unidad en la diversidad.
3.- Desgraciadamente hoy vivimos lo contrario. Es que nos cuesta aceptar al distinto, al que no es como nosotros, al que no piensa como nosotros. Y esto sucede en todos los ambientes. Hoy se da incluso en la política, ya que cada cual busca su propio interés y beneficio. Se vive lo contrario a lo que dice la canción: “Amar es entregarse, olvidándose de sí, buscando lo que al otro pueda hacer feliz”. Por eso estanos viviendo la cultura del individualismo; buscamos el bien propio y no el del otro.
Es triste comprobar que los que profesamos la fe en el Dios-Amor, que existe dándose, saliendo de sí mismo, seamos tan egocéntricos. No vivimos lo que decimos creer.
4.- Por eso el evangelio destaca el Amor gratuito del Padre al mundo, que entrega a su Hijo para que el hombre se salve por Él. La misión de Jesús, el Hijo, es salvar, no condenar. Y porque su misión es salvar por eso nos envía desde el Padre al Espíritu Santo, para que podamos vivir entre nosotros la Comunión que hay en lo íntimo de Dios mismo.
La Santísima Trinidad siempre ha actuado en favor nuestro. El Padre envía a su Hijo, el cual se encarna por obra del Espíritu Santo.
Jesús es presentado por el Padre como el Hijo predilecto, ungido por el Espíritu Santo. Y aquí en la Eucaristía es el Padre que con la acción del Espíritu Santo realiza el cambio maravilloso: el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de su Hijo amado.
Y nosotros mismos hemos nacido a una vida nueva por el Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Esta es nuestra fe, esto creemos y celebramos y esto queremos vivir.
Hno. Pastor.