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Homilía para la Eucaristía del domingo 17 de mayo de 2026.

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hechos 1,1-11: El texto nos muestra los dos aspectos del Misterio de Jesús: por un lado su vida, Pasión, muerte y resurrección y, por otro, el envío de los suyos al mundo.
Efesios 1,17-23: Plegaria de Pablo para que los cristianos conozcan y acepten el Misterio de Cristo, quien, humillado, fue glorificado por Dios y lo sentó a su derecha. Esa es nuestra esperanza: la plenitud.
Mateo 28,16-20: Final del evangelio. Jesús, el Emanuel, se despide y envía con poder a los suyos a predicar la Buna Nueva.

1.- Hoy la liturgia nos invita a contemplar el Misterio de Cristo en su plenitud. Porque Jesús, el Enviado del Padre, que se anonadó hasta el extremo, es glorificado. La Palabra nos dice que Jesús fue enviado con poder, es decir, Él es el Plenipotenciario de Dios Padre, Él es “EL DIOS CON NOSOTROS”, que entró a nuestra realidad, para compartir con nosotros su vida, su divinidad.
El Misterio de la Ascensión nos muestra dos aspectos. Uno, que es la meta, la cumbre de toda la obra de Jesucristo; dos, Jesús nos hace partícipes de su misión, nos envía a ser sus testigos; somos enviados por Él así como como Él es enviado por Dios Padre.
2.- Al celebrar este Misterio estamos confesando nuestro misterio, que también nosotros tenemos la esperanza de participar con Él su plenitud; también nosotros seremos plenos. A eso estamos llamados.
Podría decirse que el Misterio de Cristo estaría incompleto si nosotros, sus discípulos, sus miembros no alcanzamos la plenitud. Por eso dice san Pablo que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y de Él recibe plenitud. En otras palabras, gracias a Cristo la Iglesia, y cada uno de nosotros, recibe la plenitud de Dios, la gracia y promesas de Cristo. Esta es nuestra esperanza.
3.- Estamos llamados a ser plenos. Pero desgraciadamente vivimos en la mediocridad. Nos conformamos con poco y no aspiramos a lo mayor. ¡Y HEMOS NACIDO PARA COSAS MAYORES! Y no para mediocridades.
A veces nos sucede lo que a los Apóstoles. Nos quedamos boquiabiertos mirando al cielo, nos volamos, nos evadimos y no vivimos lo que el Señor nos enseña.
4.- Hoy el Señor nos envía a que seamos sus testigos; nos envía a que hagamos discípulos. Pero, ojo, dice “mis discípulos”, no discípulos nuestros, ya que eso sería un vulgar proselitismo. Nuestra misión es dar a conocer a todos el mensaje que Jesús trajo. Él comenzó a anunciar a la Buena Noticia del Reino de Dios (cfr. Marcos 1,14), y el Reino de Dios es sinónimo de Plenitud de vida, de gozo, de salvación. Y a eso estamos llamados y enviados.
No nos quedemos anquilosados sólo con una religión intimista. No, seamos testigos del Reino, buscando en todo momento vivir a Cristo. La mejor forma es vivir el evangelio, reflejando amor y servicio. Proclamando el Mensaje con valentía, llevando liberación a los oprimidos.
Celebrar la Eucaristía es un desafío; nos envía a ser los testigos y constructores del Reino de Dios en nuestros ambientes.
Hermano Pastor.