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Homilía para el domingo 22 de febrero de 2026.

CUARESMA I. A
Génesis 2,7-9;3,1-7: Poema de la creación, no una historia Sus personajes no son históricos, sino representan a la humanidad toda. Se nos presenta la respuesta negativa del hombre a lo que Dios quiere.
Romanos 5,12-19: se establece un paralelo: Cristo y Adán, por Adám entra el pecado, por Cristo la vida.
Mateo 4,1-11: Cristo vence las tentaciones en el desierto.

1.- La Palabra de Dios en el Génesis nos presenta de una manera muy plástica, pero no histórica, el drama de la humanidad. Sus personajes son más reales que si fueran históricos, pues llevan en sí la realidad del hombre de todos los tiempos. Después de mostrar poéticamente la creación del hombre, a quien el Señor infunde la vida, se nos presenta la respuesta del hombre, que es negativa: quiere ser como Dios. Como consecuencia se rompe la armonía, el hombre se da cuenta que está desnudo, es decir, que es una simple creatura y no Dios y ha de vivir dominado por el mal.
Hay que decirlo, este relato no es ni un mito n iun relato histórico, sino una reflexión teológica que proclama el Plan salvífico de Dios.
2.- Y así lo trasmite san Pablo al establecer el paralelo entre Adán, el desobediente, y Cristo, el obediente por excelencia. Si la desobediencia de Adán nos carreó la muerte, la obediencia de Cristo, el nuevo Adán, nos trae la vida; Él realiza y representa una historia de misericordia y salvación para todo para todo el que cree en Él. La obediencia de Cristo es causa de la absolución de los delitos del hombre, es decir, es el indulto que posibilita la verdadera vida, la plena. Si Dios nos creó maravillosamente, más maravillosamente nos recreó en Jesucristo.
3.- La desobediencia es pecado, es vivir centrado en uno mismo, es endiosarse a sí mismo. Esta es la raíz de todos los males; el ser humano que se siente superior a los demás. Y la historia de la humanidad es la historia de tantos endiosamientos de ideologías, razas, personas y grupos que se siente y creen superiores a los demás. Y ya sabemos cuál es el resultado: ruptura con Dios, ruptura con el hombre y ruptura con la creación. Se pierde la armonía, que es lo que Dios quiere de todos nosotros.
No se puede invocar a Dios para justificar los genocidios y atropellos habidos en la humanidad, los que actualmente hay y los que habrá en el futuro. Porque todo eso es desarmonía y muerte.
4.- Los 40 años de Israel en el desierto son retomados por Jesús en estos 40 días en el desierto, en el que Él fue sometido a la prueba. La diferencia está en que Jesús venció en un duelo muy singular. Porque tanto el tentador como Jesús usaron la Palabra de Dios como una espada. Jesús supo blandirla mejor.
Las tentaciones de Jesús atentan al mismo contenido de su función mesiánica. Frente a un mesianismo terrenal (que a muchos seduce), Jesús acepta el Plan del Padre. Su mesianismo pasa por la obediencia total al Padre y con los medios humildes y pobres, propios del Reino de Dios.
Pero también nos presenta a Cristo venciendo las tentaciones que hicieron sucumbir al Pueblo de Dios en el desierto, como lo dice muy bien Deuteronomio 8,2: “ Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz y no de guardar sus mandamientos”.
Cuaresma, tiempo de conversión, en el que se nos prepara en nuestra peregrinación a la Pascua. Peregrinamos por el desierto de este mundo expuestos a tantas tentaciones, el creernos dueños del mundo y de la humanidad. Es tiempo de reflexión, de encausar nuestras vidas por el Camino del Señor, acatando su Plan. Aquí comemos el único Pan con el cual vive el hombre, a Jesús bendito, Señor de todos nosotros.
Hno. Pastor.