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Homilía para la Eucaristía del domingo 08 de febrero de 2026.

DOMINGO QUINTO DEL AÑO. A.
Isaías 58,7-10: Mensaje que muestra al pueblo qué es lo que verdaderamente agrada a Dios.
1Corintios 2,1-5: Pablo proclama el Mensaje de la salvación con la sabiduría de Dios, no con la retórica humana.
Mateo 5,13-16: Con la comparación de la sal y la luz se ilustra la vocación de un discípulo en el mundo.

1.- Hace 20 años la Universidad Católica realizó la “Encuesta bicentenario”, la que, entre otras cosas, mostró cómo la gente ha abandonado a la Iglesia Católica, arrojando un alto porcentaje de fieles que la han abandonado. Dejan a la Iglesia, pero no dejan de creer en Dios. No se acepta la institución. ¿Causas? Los escándalos, la mala conducta de los fieles, pero también la secularización, que es un proceso de cambio en el modo de ver la vida y la realidad. La religión para muchos es ya una etapa superada. Lo que antes se explicaba con la religión ahora se explica con la ciencia, con la inteligencia artificial. Tema que amerita ser explicado con calma en otra oportunidad.
Ante esta realidad la Iglesia puede caer (y ha caído) en la tentación de realizar eventos religiosos, con el fin de atraer a la gente.
Pero la Palabra de Dios nos muestra el camino a seguir: un estilo de vida nuevo, que suscite la pregunta DIOS.
2.- El Concilio Vaticano II dice que la Iglesia debe dialogar con el mundo actual, entender el lenguaje de la gente para poder exponer el mensaje de la salvación. Pero el discurso de la Iglesia no debe ir por la grandilocuencia de las filosofías del mundo, sino por la Sabiduría de la cruz. Pablo no hizo otra cosa que predicar la locura de la cruz de Cristo, que genera un estilo de vida nuevo. Desgraciadamente a veces Jesucristo sigue siendo el gran desconocido.
3.- Hoy el desafío es grande. No se trata de engrandecer a la institución, sino de hacer creíble el mensaje del evangelio, que ha sido eclipsado por los pecados de la iglesia, la vida mediocre de muchos católicos que se conforman con ritos religiosos, pero su vida deja mucho que desear.
El discurso de la Iglesia es muchas veces negativo y condenatorio y no entrega un mensaje alentador, una Buena Noticia salvadora-
4.- El evangelio nos dice: “Ustedes son sal…son luz”
Ser sal, es decir, el cristiano debe influir en la vida, en el medio. La sal, aunque no se ve, su presencia se nota en la comida. Es necesario hacer presente la Sabiduría del evangelio en el mundo de hoy. Si la sal pierde el sabor no sirve. Si la Iglesia, el cristiano, pierden el sabor, la sabiduría del evangelio, no sirve, está de más en el mundo.
No sólo cada cristiano, sino la Iglesia toda deben ser sal y luz; por algo se la compara a una ciudad situada en lo alto.
No nos asusten ni desanimen las encuestas. Es la Palabra de Dios la que nos anima y hoy nos dice: Si compartes con el hambriento,… con el que no tiene techo…entonces despuntará tu luz como la aurora.
Los acontecimientos últimos nos desafían a ser solidarios y compartir. Que nunca perdamos el sello de la solidaridad, que es un gran tesoro.
Hno. Pastor.