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Homilía para la Eucaristía del domingo 14 de diciembre de 2025

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO. A


Isaías 35,1-6.10: Nos muestra a Israel transformado en el más bello de los vergeles; incluso sus habitantes alcanzan la salvación en un nuevo Éxodo.
Santiago 5,7-10: Con el ejemplo del sembrador que sabe esperar nos muestra cuál debe ser la actitud del cristiano en la vivencia de la fe.
Mateo 11,2-11: Dos aspectos: la consulta de los discípulos del Bautista sobre la identidad de Jesús y el elogio que Jesús hace del Bautista.

1.-Ya sabemos que Adviento e tiempo de esperanza y que todos deseamos algo mejor, como Israel que en el destierro esperó algo mejor, deseó un tiempo mejor, de transformación y reparación. La vuelta a Jerusalén se describe como una renovación total. Bueno, así actúa Dios. Ya sabemos que cuando Dios salva reconstruye, repara, cura de males a los más necesitados. En una palabra, el Señor todo lo mejora al hacerse presente.
El autor pinta con los más vivos colores a Israel convertida en un hermoso vergel. Es que el Señor desea transformarlo todo. Así como en el primer Éxodo los esclavos al salir de Egipto se constituyeron en un pueblo libre, en Pueblo de Dios, lo mismo se promete ahora. Y esa es la esperanza de Israel.


2.-Nosotros somos el Pueblo de Dios. Debemos vivir nuestra fe en clave de Esperanza. Esperanza en el Señor que viene a renovarlo todo. Vivir la fe en clave de Esperanza significa:

  • cultivar la paciencia frente a las exigencias de la vida, esperando los frutos
  • cultivar la Fortaleza cuando la espera nos hace flaquear
  • cultivar un amor sincero, especialmente no juzgando a nadie.
    Pienso, hermanos, que esto es parte de la espiritualidad del Adviento.
    Porque cada tiempo litúrgico es una instancia para alimentar nuestra fe y vivirla en plenitud.
  • 3.- Seamos realistas. Muchas veces flaqueamos, bajamos la guardia. La vivencia de la fe, es decir, la vida espiritual, se debilita.
    Vivimos en una época en la que queremos mejorar muchas cosas, pero se ven poco frutos. Ya sea en lo temporal como en lo espiritual. Lo mismo sucede en lo personal.
    Debemos saber vivir el presente, pero con la mirada puesta en el futuro, en lo que el Señor promete y quiere de cada uno de nosotros.

  • 4.- A Jesús le preguntan si Él es el que debe venir. Él no da argumentos, sino da señales de salvación: los ciegos ven, l paralíticos caminan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a todos se anuncia la Buena Noticia del Reino.
    Este es nuestro desafío: dar señales del Reino que está presente; que se produzca la transformación, que haya vida nueva. Con esta esperanza es como debemos trabajar, como el sembrador que siembra con la esperanza de una buena cosecha.
    La Eucaristía es una celebración de fe y un signo de esperanza. Así como creemos que la fuerza del Espíritu es capaz de transformar este pan material en alimento espiritual, también creemos que este mismo Espíritu ha de transformar nuestro mundo. Tengamos fe y mucha esperanza.
    Hno. Pastor.