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Homilía para la Eucaristía del domingo 16 de noviembre de 2025.

DOMINGO XXXIII CICLO C.


Malaquías 3,19-20: Anuncio del Día del Señor que será un juicio. Es la intervención de Dios en la historia en favor de su Pueblo.
2Tesalonicenses 3,6-12: La creencia en la pronta venida del Señor suscitó en algunos la ociosidad. Pablo corrige e insta al trabajo.
Lucas 21, 5-19: Discurso sobre el final de los tiempos. Se anuncia la destrucción del Templo, persecuciones y la venida del Señor.

1.- Ante la jactancia de aquellos que piensan que no vale la pena creer y servir a Dios, la Palabra nos dice que todos los arrogantes desaparecerán ante el poder de Dios. Dejando de lado ese lenguaje tétrico, digno de una saga de películas de terror y ciencia-ficción, la verdad es que todo sistema que pisotea la dignidad humana va a desaparecer y el poder de Dios, su reinado, predominará, porque no hay mal que dure cien años. Ya veíamos el domingo pasado cómo tanto sistema que no hace más que acarrear el dolor y la muerte a la humanidad ha de desaparecer. Porque, como dice el salmo responsorial, “El Señor viene a gobernar los pueblos”.
Frente a tantos absolutismos falsos se impone el único y real absoluto: el Reino de Dios.
2.- Porque en eso creemos y eso profesamos: que el Señor va a volver. No sabemos ni el día ni la hora, pero va a venir.
Pero esta fe en la vuelta del Señor no es para que nos crucemos de brazos o, como decían los antiguos paganos: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. Al contrario, porque sabemos que el Señor viene trabajemos y empeñémonos en hacer de este mundo algo mejor. No destruyamos la Casa, sino cuidémosla. Hay que trabajar, ya que todo trabajo dignifica a la persona.
3.- Son muchos los que viven de espaldas a Dios y endiosan sus trabajos; ya sea el Templo de Jerusalén o cualquier obra apoteósica, los adelantos de toda índole. La Fe no está en contra del progreso, ni de la ciencia, sino pone a éstos en su lugar.
Cada cierto tiempo la humanidad endiosa sus obras y le da la espalda a Dios.
4.- Sin embargo el evangelio nos da una enseñanza que indica todo un proceso. Proceso que lo constituyen tres momentos: Primero, la destrucción de Jerusalén y su Templo, que se creía indestructible por ser morada de Dios. Jesús, en cambio, anuncia su destrucción y con él el fin de una época para comenzar otra.
Segundo, la etapa de las tribulaciones de los que acepten el Reinado de Dios, etapa en la que estamos.
Tercero, la Venida del Señor. La presencia del Señor relativiza todo, ya que sólo Dios es Dios. Y se garantiza la salvación para los que son fieles.
Aun cuando el lenguaje es aterrador es Buena Noticia, ya que anuncia la consumación, no aniquilación de todo. Así como en tiempo de cosecha se recoge lo maduro, con la venida del Señor se consuma y cosecha todo lo bueno. Es una visión positiva, alegre, no terrorífica.
¿Cómo no celebrar y clamar Ven, Señor Jesús?
Hno. Pastor.