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Homilía para la Eucaristía del domingo 02 de noviembre de 2025.

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS.


Apocalipsis 21,1-8. Se nos muestra el dominio de la vida, no de la muerte. Dios lo renueva todo.
Lucas 24,1-8: Una gran proclamación: ¡Ha resucitado!

1.- Hoy la liturgia nos ofrece una doble celebración: hoy es el Día del Señor, en el que contemplamos el Misterio de la Resurrección. Y también celebramos y recordamos a los que ya tuvieron su Pascua y están con el Señor. Los textos respiran vida, no muerte.
Así, el Apocalipsis nos trae un mensaje positivo: Yo hago nuevas todas las cosas”. En el lenguaje bíblico la salvación, el perdón es presentada como una reparación, una renovación. Y es eso lo que hace el Señor con cada uno de nosotros. Ya en el bautismo comenzamos algo nuevo, hemos nacido de nuevo para vivir una vida nueva que culminará cuando por fin la hermana muerte nos desate de las ataduras. En el Reino todo es nuevo. Todo lo llena Dios en su plenitud, habrá una comunión plena con Dios. “Dios será todo en todos” (1Corintios 15,28), es decir, todo estará sometido a Dios y su autoridad será plenamente reconocida. En otras palabras, se realizará por fin la plenitud del Reino de Dios. Este texto nos hace levantar la cabeza y mirar más allá, a lo que esperamos.


2.- El evangelio nos muestra a las mujeres. Ellas representan a la humanidad, a nosotros. Ellas buscan un cadáver. Eso es lo que a veces hacemos: quedarse en la muerte. El mundo subraya la muerte, la maldad, la cultura de la muerte. Pero la Palabra sorprende a ellas y a nosotros. “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” ¿Y quién es el que está vivo? Él, el Señor Resucitado.
La Palabra nos hace mirar hacia la vida, no hacia la muerte. La Fe nos ayuda a no temer a la muerte, sino a encararla con serenidad.


3.- Respetar la vida y también la muerte. Hoy existe poco respeto por la vida. Mientras que el mundo proclama la legalización del aborto y de la eutanasia (que son muerte), nosotros proclamamos la vida, porque creemos en Aquel que ha vencido a la muerte y nos trae la vida en plenitud.
Nuestra fe nos enseña también a saber enfrentar a la muerte, a asumirla con entereza. Generalmente se rechaza la muerte y se le tiene horror, infunde terror. No debe ser así.
Decía al inicio que hoy tenemos una doble celebración. Cierto, a Jesucristo resucitado y nuestros hermanos que ya han tenido su Pascua.


4.- Ayer contemplábamos el misterio de la Iglesia triunfante, de los que ya gozan de la plenitud de Dios; los santos. Hoy contemplamos a la Iglesia que todavía purga, se purifica de todo aquello que le impide tener la plena comunión con Dios.
La Eucaristía es Misterio de Comunión. Aquí nos unimos en Cristo con los que ya gozan de la presencia plena de Dios y con los que han salido de este mundo y esperan estar plenamente unidos a Dios. Por eso bien podemos confesar hoy: Creo en la Comunión de los santos y en la vida eterna.
Hno. Pastor.