Ir al contenido principal

Homilía para la Eucaristía del domingo 24 de agosto de 2025.

DOMINGO XXI DEL CICLO C.

Isaías 66, 18-21: Una buena noticia: Dios reunirá a todos los pueblos en torno a Sí, por lo que se formará un Nuevo Israel, su Pueblo, la Iglesia.
Hebreos 12,5-7.11-13: Dios corrige a los suyos para bien de los mismos.
Lucas 13,22-30: Pregunta escatológica a Jesús. Quien salva es la gracia-el amor de Dios y la apertura humilde y penitente del hombre.

1.- San Pablo afirma: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim. 2,4). Con esta afirmación, de acuerdo a lo que dice Isaías, se confirma esta verdad. Es un signo del poder de Dios y de la salvación que actúa en el mundo, la reunión de todos. Dios mismo es el centro de concurrencia de todos.
Son much0s los que no sólo escucharán la voz del Señor, sino también se convertirán en portavoces del Señor. Con esto se acaba el privilegio de raza. Porque surgirán de todos los pueblos y razas los seguidores del Señor. Esto lo da a conocer Dios por medio de su Profeta y ponerlo en práctica el Profeta Mayor y más importante: Jesucristo, el Hijo de Dios.

2.- De modo que nosotros, que no somos judíos de raza, los que no éramos ni pueblo de Dios, ni sus hijos, gracias a Cristo Jesús ahora estamos cerca, somos de la familia de Dios, sus herederos, formando todos un solo pueblo santo (cfr. Efesios 2,14). Y porque somos hijos, dice la carta a los Hebreos, nos trata como a tales, nos corrige. Y el mismo texto se pregunta: “¿hay algún hijo que no sea corregido por su padre?” De modo que si en algo sufrimos señal es que somos hijos amados del Dios.

3.- Muchos no saben esto, no tienen conciencia de todo esto. Por eso, todavía vivimos la cultura del descarte. Se descarta por razones livianas, de poca monta, como ser, la raza, la condición social, la ideología, la religión, etc.
Estamos inmersos en un clima en el que falta el respeto por el otro. En esta contienda política en la que nos encontramos fácilmente se recurre a argumentos “ad hominem”, es decir, ofensivos para el contrario. Esto en nada contribuye a la construcción del Reino de Dios. En un ambiente así qué difícil será construir una sociedad fraterna.
Si hablamos de Sinodalidad comencemos por respetar al distinto.

4.- La pregunta que le hacen a Jesús da pie al Señor para que nos deje una enseñanza. ¿Cuántos se salvan? Dios quiere que todos, sí, pero somos personas responsables, es decir, tenemos que responder a lo que Dios quiere.
Nadie se salva a sí mismo, es Dios quien salva. No es el pueblo, la raza o la sangre lo que da entrada al Reino, sino la gracia, el amor de Dios y la apertura constante del hombre. ¿Qué quiero decir con esto? Abrirnos al otro, salir de nosotros mismos, En otras palabras, debemos crear puentes y nos muros, esto es ser constructores del Reino. Es más cómodo vivir en su propio metro cuadrado, encerrados en nuestros propios refugios. El evangelio nos dice que debemos “entrar por la puerta estrecha”. Cierto, ya que es difícil romper con el egoísmo innato que hay en cada uno de nosotros. Es más fácil ser individualista, pero no es el camino para entrar y vivir en el Pueblo de Dios.
El Papa Francisco decía en la “Fratelli tutti”: “Mientras en la sociedad actual proliferan los fanatismos, las lógicas cerradas y la fragmentación social y cultural, un buen político da el primer paso para que resuenen las distintas voces (…) No nos resignemos a vivir encerrados en un fragmento de realidad”.
Hno. Pastor.