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Comentario al Evangelio del domingo 13 de julio de 2025.

El evangelio de este domingo nos propone la meditación de una de las parábolas más conocidas, y más interpelantes, de todo el evangelio: la parábola del samaritano compasivo, con la que Jesús contesta a la pregunta que un maestro de la Ley hizo a Jesús “queriendo justificarse: ¿y quién es mi prójimo?”. Jesús, como hace en otras ocasiones, no suelta un discurso teórico, sino que pone un ejemplo de vida. Me quiero fijar hoy en una frase que se repite por dos veces, aplicada a un sacerdote y a un levita que pasan por el camino en el que hay un hombre al que unos bandidos han dejado “medio muerto”. Ambos, al ver al herido, porque lo ven, “dan un rodeo” y pasan de largo.

¿Por qué Jesús pone en esta parábola como ejemplos de falta de compasión a dos personas “religiosas”? Otros muchos pasaban por ese camino, de variados oficios y profesiones… Seguramente para denunciar a personas “religiosas” que piensan que su relación con Dios ya basta y les exime de “perder tiempo” con problemas humanos o piensan que con rezar por los que sufren es suficiente: “ya rezaré por él”.

¿Por qué el sacerdote y el levita “dan un rodeo”? Ciertamente han visto que más adelante en el camino hay alguien caído que necesita atención; si no lo hubieran visto hubieran seguido su camino normal hasta topar con el herido. Dan un rodeo porque saben que encontrarse con el herido frente a frente y pasar de largo les hubiera creado mala conciencia y les hubiera hecho, quizá, perder tiempo: prefieren entonces dar un rodeo (en el que también pierden tiempo) con la vana pretensión, ya imposible, de seguir el camino como si nada hubieran visto.

La parábola nos advierte a nosotros, que también somos “buenos” y religiosos, de la tentación de “dar rodeos” ante los hermanos que sufren y ante el sufrimiento humano. Rodeos no sólo, ni principalmente físicos, como el cambiar de acera o el evitar pasar por determinados lugares. Hay otros “rodeos” más sutiles, más de fondo, que tenemos peligro de dar.

Pondré solo dos ejemplos: el rodeo del “no es de mi competencia, no me incumbe” o el rodeo del “no puedo hacer nada”. Como todo “rodeo”, como todo discurso tramposo tienen su parte de verdad. También el samaritano que pasaba por el camino podía haber dicho eso, y con más razón que el sacerdote o el levita. Pero el seguidor del Jesús compasivo nunca puede decir eso con toda verdad: todo sufrimiento humano alcanza a un corazón compasivo y siempre un corazón compasivo puede hacer algo con el que sufre, aunque sea simplemente acoger y escuchar. Un mundo donde hay tanto sufrimiento sigue necesitando corazones compasivos que no den rodeos en el camino de la vida. Dios te bendiga y te proteja hoy y siempre. Excelente domingo a usted y su familia. –

Hermano Mauricio Silva dos Anjos Hermano Menor Capuchino de Chile.