Comentario al Evangelio del miércoles 14 de mayo de 2025

LA PALABRA DE DIOS ILUMINA NUESTRA VIDA Y NUESTRO DÍA.
Fiesta de San Matías.
Evangelio del día San Juan 15, 9-17
Vivimos tiempos muy difíciles y nosotros tenemos la obligación de aportar nuestro grano de arena: la alegría del amor de Dios, nuestro amor a semejanza del que Cristo nos tuvo hasta en la hora de la Cruz. Si amáramos sinceramente el mundo sería mejor. Él no solo enseñó el amor – lo vivió en cada gesto. Un amor que cruzaba distancias, tocaba heridas, perdonaba traiciones. Seguir a Jesús es aprender a amar con todo el corazón… hasta el final.
Querida hermana y querido hermana, Dios es siempre quien toma la iniciativa en la relación con nosotros. Es él quien nos elige, aunque muchas veces creemos que fuimos nosotros quienes lo encontramos. En verdad, él ya nos estaba esperando hace mucho. Él está siempre armando posibilidades para que lo encontremos. Hermanas y hermanos, hoy celebramos con gozo la fiesta de San Matías, aquel apóstol elegido para completar el número de los Doce, después de la traición y caída de Judas. Su elección, como nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles, no fue fruto de cálculos humanos, sino de una profunda confianza en la voluntad de Dios. Y el Evangelio que la liturgia nos propone hoy, os habla del amor como el fundamento y la señal distintiva de los suyos. “Como el Padre me amó, así los he amado yo; permanezcan en mi amor”. Este amor no es un sentimiento pasajero ni una emoción superficial; es una decisión firme de entrega, un amor que se expresa en fidelidad, servicio y sacrificio. San Matías, aunque no fue del grupo original que acompañó a Jesús desde el principio, fue testigo de su Resurrección y participó plenamente en esta misión de amor. Fue elegido no por méritos humanos, sino porque su corazón estaba abierto a la voluntad del Señor. Él vivió aquello que Jesús dice en el Evangelio: “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido a ustedes”. Esta elección nos recuerda que Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los que llama. Hermanas y hermanos, el Señor eligió a Matías para “ir y dar fruto, y un fruto que permanezca”. No era un fruto de éxito mundano, sino el fruto del Evangelio: la paz, la reconciliación, la verdad, el perdón, la vida nueva en Cristo. Y ese fruto solo puede brotar si permanecemos en su amor. Además, Jesús nos da un mandamiento claro: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Este es el corazón del discipulado. La misión de San Matías, como la nuestra hoy, está fundamentada en este amor que no pone condiciones, que no busca lo suyo, que no se cansa de perdonar, que se dona hasta el extremo. Querida hermana y querido hermano, en este tiempo pascual y en esta fiesta de San Matías, el Señor nos invita a renovar nuestra respuesta a su elección. Todos hemos sido llamados por nombre, como Matías, para ser apóstoles del amor. Y aunque a veces nos sintamos pequeños o indignos, Jesús sigue diciéndonos: “Les he llamado amigos”. Qué dignidad tan alta: ser amigos del Señor, ser colaboradores de su Reino. Pidamos a San Matías que interceda por nosotros, para que, como él, seamos fieles testigos del Resucitado, discípulos que viven el amor y dan fruto abundante para la gloria de Dios. Amén. – Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.