Comentario al Evangelio del domingo 27 de abril de 2025

Nuestra fe en Cristo resucitado se fortalece mientras nos despedimos del Papa Francisco, el hombre del diálogo, de la sencillez. Con este sentimiento celebramos en este segundo domingo de Pascua, el Día de la Misericordia.
El relato del Evangelio, en este domingo, muestra la baliza que sostiene la fe en la comunidad participante. La figura de Tomás (Jn 20,19-31), ausente, es el retrato de la humanidad incrédula que necesita señales evidentes para creer. El mundo materializado tiene dificultades para alimentar la fe viva y operante en vista de la necesidad de la imagen, del visible, del tacto, del ver para creer.
El mensaje central del Domingo de la Misericordia es la alegría de encontrar a las personas que creen en el Señor que dio su vida por nosotros. Al sentirnos unidos y reunidos, las puertas se abren y la visión de un nuevo mundo surge a nuestro alrededor. Es la construcción de la paz y de la justicia, materia de la predicación y del anuncio del Señor, mientras peregrinaba en este mundo, anunciando la Buena Nueva.
El testimonio de amor que Jesús manifestó a los discípulos es de igual valor, tanto para los discípulos presentes en la comunidad reunida como para los ausentes. Jesús acoge con mucha misericordia, al mismo tiempo que pide una fe auténtica y comprometida con el testimonio de vida. Mientras las puertas están cerradas, el miedo se hace presente. es la situación de quien está inseguro, bloqueado, con miedo. Es necesario abrir puertas para que la fuerza del Espíritu Santo pueda arear las mentes y hagamos nuestra parte.
La esperanza despierta actitudes de ir, encontrarse, mirar a los ojos, recibir un abrazo, acoger y mostrar el alma cubierta con el abrazo y la fuerza del amor, de la paz. Es en este ambiente donde vivimos, con tensiones, inseguridades, desajustes familiares, sociedad afligida, que Jesús se hace presente, aparece Resucitado y saluda con la paz. Él viene a iluminar la mente y los ambientes donde vivimos. Viene a restaurar la vida de comunidad, despertar en la humanidad el cuidado por todo lo que fue creado por amor.
Es nuestra misión pedir a Dios que envíe el Espíritu Santo sobre los Cardenales, reunidos en el Vaticano, para elegir un nuevo Papa que nos haga caminar de las tinieblas a la luz, de la desesperación a la esperanza, de la tristeza a la alegría, del ateísmo a la fe pura y auténtica, del intimismo por la comunidad unida en la fe y la esperanza.
Que seamos participantes, a través de la oración, en la elección del futuro Papa. El mundo necesita un hombre de fe como el Papa Francisco imitó a San Tomás: «¡Mi Señor y mi Dios!». Dios te bendiga y te proteja y ilumine siempre vuestro vivir y de su familia. Execelente domingo. –
Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermanos Menores Capuchinos de Chile.