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Homilia para la Eucaristía del domingo 30 de abril de 2025.

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA. C

Josué 4,19.5,10-12: Se relata el fin de la etapa del desierto y el comienzo de una nueva etapa, la sedentaria en la Tierra Prometida. Tema importante en la Historia de Salvación.
2Corintios 5,17-21: La ora e Cristo es descrita como una Reconciliación entre Dios y el hombre; el Reconciliador es Cristo. Los Apóstoles, Embajadores plenipotenciarios, proclaman y exhortan la reconciliación.
Lucas 15,1-3.17-21: La parábola es una respuesta a la crítica de los fariseos y de los escribas. Se describe la reconciliación, del amor misericordioso de Dios y la situación de la humanidad.

1.- Desde ya podemos decir: qué hermoso y alentador es el mensaje que nos trae la Palabra de Dios. Dios cumple su Palabra. Prometió a Abraham larga descendencia y una tierra donde vivir.
La primera lectura nos muestra precisamente el momento en que Israel entra en la Tierra Prometida. Así comienza una nueva etapa en la Historia de Salvación. Termina la etapa del desierto y comienza la vida sedentaria, una nueva realidad, la que también tendrá sus altibajos y sinsabores. Esta etapa es presagio de una liberación mejor, la de la Patria eterna. Dios fue bueno con su Pueblo, lo escuchó y lo salvó y le do una Tierra.

2.- Dios salva. La salvación es presentada de diversas maneras. San Pablo hace alusión a la Reconciliación, es decir, el reencuentro de dos partes separadas: Dios y la humanidad. Evidente que el Reconciliador es Jesucristo, quien en su Cuerpo reunió las dos partes que estaban separadas. Reconciliación que es iniciativa de Dios, no de los hombres. Es Dios quien busca y ofrece la reconciliación por medio de su Hijo y Él la realizó en la cruz. Pero esta reconciliación debe ser actualizada, aceptada por el ser humano. De allí el llamado que hace el Apóstol: “Déjense reconciliar con Dios”, quien se valió de su Hijo para darnos la justificación.

3.- El hombre no siente necesidad de reconciliación. Al contrario, satisfecho de sí mismo, es capaz de juzgar y condenar, es capaz de creer que se basta a sí mismo. Así tenemos una humanidad autosuficiente. Es la autosuficiencia humana muy bien retratada en los fariseos, que no sienten necesidad de Dios. La humanidad cree bastarse a sí misma. Tenemos una humanidad autosuficiente que no quiere oír de reconciliación.

4.- En la Parábola de hoy se retrata a la humanidad que le da la espalda a Dios (el hijo menor) y a la humanidad que no necesita de Dios (el hijo mayor) por eso condena.
Sin embargo el acento está en la figura del Padre, que acoge, perdona, transforma y es capaz de hacer una fiesta (el Banquete del Reino)
Mientras el hijo menor experimenta muchos caminos, el recuerdo del amor paterno le hace volver. La conversión es un volver a Dios, lo que se logra experimentando la necesidad. Podríamos decir que el hijo pródigo tuvo la gracia del hambre, del dolor y la necesidad y así comienza el retorno. El mayor , en cambio, no siente ninguna necesidad, no necesita de nada ni de nadie, ni de su hermano.
El Padre lo da todo, reconcilia, encuentra, abraza y cubre de besos. Suena a poesía y es verdad. Es que Dios es Amor gratuito.
Hermanos, dejémonos reconciliar por Dios mediante el mejor reconciliador, Jesucristo. Mira que Él ya tiene preparado un Banquete, el del Reino, expresado en la Eucaristía. En verdad, hermanos, ¡gusten y vean qué bueno es el Señor!
Hermano Pastor.