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Homilia para la Eucaristía del domingo 26 de enero de 2025.

DOMINGO 3 DEL CICLO C.

Nehemías 2,2-4.5-6.8-10: Después del destierro los hebreos, que eran una federación de tribus, al escuchar la Palabra de la Ley, se organizan y forman una entidad religiosa: el judaísmo, que se rige por la Ley reencontrada y y asimilada. Se renueva la Alianza del Sinaí.

1Corintios 12,12-30: Doctrina sobre el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; muchos miembros, pero un solo cuerpo, de ahí el vivir la Unidad.

Lucas 1,1-4; 4,14-21: Teneos dos partes. Primero, Lucas recoge el testimonio de los que vivieron con Jesús, la tradición de los testigos. Luego, el primer anuncio de Jesús: Él proclama a la luz de la Palabra que leyó cuál es su misión: ser portador de la Buena noticia y ser el que salva a todos.

1.- Hemos escuchado cómo Esdras proclamó la Palabra, dio a conocer la Voluntad de Dios expresada en la Ley. Esta proclamación tiene su efecto: nace el judaísmo, es decir, las tribus dispersas que regresan del exilio pasan a formar un cuerpo: el judaísmo, una organización basada en la Ley del Señor; todos ellos son un cuerpo, el Pueblo de Dios, que quiere vivir a la luz de la Palabra, cumpliendo con la Voluntad de Dios. La razón del judaísmo es la Palabra escuchada y vivida en fe.

2.- Jesús es la Palabra hecha carne, que al ser recibida (escuchada) produce también un cambio. Asó como los israelitas, de ser un grupo de tribus diversas, pasan a formar un cuerpo, del mismo modo, los que aceptan la Palabra viva, que es Cristo, pasan a formar un Cuerpo. La imagen que utiliza san Pablo se inspira en la metáfora del cuerpo que ya se utilizaba en los ambientes intelectuales grecorromanos. Con esta imagen, que es también una realidad, se quiere afirmar la unidad en la diversidad. . Porque en realidad, la Iglesia es el cuerpo verdadero de Cristo. Por medio de la Iglesia Cristo se hace presente en el mundo. De

allí la grandeza de pertenecer al Cuerpo de Cristo, cuya pertenencia exige y engendra la vivencia de la solidaridad.

3.- Esta verdad, que somos el cuerpo real de Cristo, se ha opacado por el individualismo que existe entre nosotros.
Cuesta ser solidarios porque no aceptamos que somos miembros de un cuerpo. Cuesta vivir la Comunión porque no sabemos vivir la tremenda verdad de que somos el verdadero Cuerpo de Cristo. Si esto es fundamental para los cristianos, igualmente lo es para la sociedad civil. Todos somos ciudadanos, formamos un cuerpo, el de Chile, cuerpo que tiene un alma, el alma nacional, que la hemos dejado perder. De modo que estamos viviendo en una sociedad fraccionada, dividida. El que seamos distintos es una riqueza. El que estemos divididos es un pecado.

4.- Jesús, el verdadero sacerdote de Dios, proclamó la Palabra y muestra su misión, que es llevar la Buena Noticia de salvación a todos. Jesús trae el “año de Gracia del Señor”, es decir, Jesús trae el tiempo de gracia, de perdón para todos; este es el sentido del jubileo. Tiempo que ya comenzó cuando llegó el Señor, pero que aún no termina. Estamos viviendo este tiempo favorable de perdón que nos permite rehacer la comunión entre todos nosotros. Que haya paz, reconciliación entre todos los ciudadanos.
El hacer la Comunión en la Eucaristía no tendría ningún sentido, ningún valor si no sabemos hacer realidad nuestra identidad, que somos el Cuerpo de Cristo. Todos distintos, pero todos formando el único cuerpo, el de Cristo, a quien sea todo el honor y la gloria por los siglos de los siglos.
Hermano Pastor.