Homilía para la Eucaristía del domingo 08 de diciembre de 2024.
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN.
Génesis 3,9-15.20: En un lenguaje mitológico el texto enseña cuál es la situación del hombre, la humanidad: la caída. El autor narra la experiencia de su interior. Pero hay una Buena Noticia.
Efesios 1,3-6.11-12: Himno de bendición a la Santísima Trinidad por su obra de salvación universal. Por Dios fuimos colmados de bendiciones en Jesucristo.
Lucas 1,26-38: Con citas del Antiguo Testamento se anuncia el Nacimiento de Jesús como hijo de David y como Hijo de Dios. María es la “llena de gracia” = la Favorecida de Dios. Por eso Ella es la bendecida por Dios Padre y colmada del Espíritu Santo, que la cubrió con su sombra. Ella acata el querer de Dios.
1.- Hoy celebramos un Misterio de fe muy grande, ya que a la luz de la Palabra podemos darnos cuenta de lo que ha hecho Dios con nosotros y también de lo que ha hecho el ser humano con Dios.
El ser humano, criatura de Dios, no quiere ser imagen y semejanza de Dios; quiere ser Dios. He aquí la tentación que siempre ha acompañado a la humanidad, a cada uno de nosotros. Esta ambición y pretensión (conocer el Bien y el mal) conduce al ser humano a su perdición. Al “comer”, es decir, al incubar en su interior esta ambición sufre las consecuencias:
. “Se le abren los ojos”: es decir se ve desnudo, se da cuenta que no es más que una criatura, en situación de indigencia.
. Se rompe toda armonía: con su semejante, con la naturaleza y con Dios.
En otras palabras, lo que aparece como castigo no es más que lo que se ha producido en el interior de la persona. La culpa hace que todo se vea de otro modo; asoma una visión pesimista de todo.
2.- Pero la realidad no es esa. El mal es vencido y ´puede ser vencido, aunque todavía suframos las mordeduras. Cristo, el Hijo, siendo inocente, Dios le hizo pecado (cfr. 2Corintios 5,21), sufrió la mordedura y murió acatando la voluntad de su Padre. Cristo hizo lo que el hombre no hizo. El hombre pretende ser Dios. Jesús, en cambio, el Verbo encarnado, se abaja y se hace obediente por todos nosotros (cfr. Filipenses 2,6-11). “Dios, rico en misericordia y por el inmenso amor que nos tiene, aunque estábamos muertos por nuestros delitos, nos ha hecho revivir en Cristo” (Efesios 2,4-5). Es por eso que san Pablo prorrumpe en un Himno de bendición. Bendice a Dios que nos bendijo en Cristo con toda clase de bienes espirituales. Más aún, no duda en decir que Dios nos eligió antes de la creación para que seamos santos, irreprochables, inmaculados. ¡Y lo hizo con cada uno de nosotros!
Si esto creemos porque lo dice la Sagrada Escritura, ¿qué podemos pensar de Aquella que el mismo evangelio la llama la “Favorecida”, la “llena de gracia”. ¿Por qué? Porque el Señor la colmó a Ella, en primer lugar, a causa de su Hijo Jesucristo, de toda bendición. Por eso con el evangelio la llamamos la “Bendita entre las mujeres”, porque lleva al Bendito de Dios por siempre, a Jesucristo el Señor.
3.- María, como verdadera israelita creyente, a la propuesta de Dios, dice “Amén”, lo que significa: creo, acepto, estoy firme. Es un verdadero acto de obediencia a la Voluntad de Dios. Por eso Ella es la “Madre de todos los vivientes”. Eso hizo Ella, eso hizo Jesús. Pero la humanidad sigue haciendo lo contrario. El hombre no sólo no quiere hacer el Bien y rechazar el mal, sino quiere él decidir qué es lo bueno y qué es lo malo. Se ha ensoberbecido, se cree Dios, por eso atropella a sus semejantes, a la naturaleza y desconoce a Dios. ¿Acaso no es esto le que estamos viviendo en este tiempo? Este es el mal de siempre, que en cada época se reviste con nuevos ropajes, pero es el mismo mal.
4.- ¡Pero no! ¡Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo! Porque colmó de bendiciones a Jesús, bendito por siempre, a su santísima Madre, que siempre dijo Amén a Dios. Y porque también a nosotros nos ha predestinado y colmado de bendiciones en su Hijo, a tal punto que también nosotros llegamos a ser santos e inmaculados por la Sangre de su Hijo, que hemos recibido en el bautismo.
Somos creaturas, no Dios. Sin embargo en Jesús llegamos a ser hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina (cfr. 2Pedro 1,4). Lo que el hombre pretende equivocadamente Dios se lo regala amorosamente. Misterio grande es este, que no podemos comprender, sino creer, aceptar y celebrar. Yo diría, hermanos, que nada tenemos que envidiar a la Santísima Virgen María. Porque también nosotros, lo dice san Pablo, fuimos colmados de bendiciones. Por eso damos gracias y bendecimos al Padre de las misericordias porque nos ha colmado de bendiciones y ha colmado de dones a María. Celebremos, hermanos.
Hno. Pastor.