Homilía para la Eucaristía del domingo 22 de septiembre de 2024.
DOMINGO XXV DEL AÑO.CICLO B.
Sabiduría 2,12.17-20. El texto, que no es una profecía, sino describe al justo perseguido por el impío. Lo que sucede en todo tiempo.
Santiago 3,16-4,3: Tanto la verdadera como la falsa sabiduría se dan a conocer por sus obras. Lo mismo que el árbol se conoce por sus frutos.
Marcos 9,30-37: El texto nos muestra un enfrentamiento de dos sabidurías: la de Cristo y la del hombre carnal.
1.- Acabamos de escuchar en el libro de la Sabiduría cómo reproduce los sentimientos y actitudes del impío frente a la existencia humana, frente a la vida y también frente al justo y su conducta. Cabe hacerse la pregunta. ¿a quién se refiere el texto al hablar de los impíos y de los justos? Son llamados justos los judíos fieles a Dios en el destierro, que viven rodeados de paganos e idólatras, éstos son los impíos. El enfrentamiento es de orden religioso entre los que tiene la sabiduría de Dios y los que se dejan llevar por su propia y pobre sabiduría carnal. Por eso chocan, ya que el justo, con su estilo de vida, es un reproche para el mundo pagano. Esto lleva al rechazo y a la persecución del justo.
Evidentemente que este retrato calza muy bien al verdadero Justo, que fue rechazado y perseguido; ya sabemos quién es Él.
2.- Y en la carta de Santiago se nos dice que la verdadera sabiduría, la que viene de Dios, produce paz, benignidad, está llena de misericordia, dispuesta siempre a hacer el bien. Bien podría decirse que estos son los frutos de la Sabiduría. San Pablo, en la carta a los Gálatas 5,22-23 dice: “Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia”. De modo que quien se deja conducir por el Espíritu Santo actúa con verdadera Sabiduría, la que proviene de Dios.
3.- En cambio los que actúan sin la Sabiduría de Dios, sino guiados por su propia sabiduría humana-carnal, tienen ambiciones, envidias, son capaces de manipular a los demás. La ambición del tener dinero, cosas, el consumismo, la ambición de querer mandar a los demás es propio del hombre carnal, esclavo de sus propios anhelos. Y lo triste es que cuando ellos caen hacen caer a otros. Somos testigos actualmente de este “caiga quien caiga”, producto de la corrupción que se ha instalado en la sociedad. Y nadie está exento de caer en esto.
4.- Jesús, el Justo por excelencia, es al mismo tiempo la Sabiduría de Dios encarnada. Él es quien nos trae el mensaje del Reino de Dios, mensaje que refleja la Sabiduría de Dios.
En la mente de los discípulos no cabe la idea de un Mesías que tenga que pasar por la humillación y la muerte, ya que tienen una sabiduría materialista.
Por eso ellos “muestran la hilacha”, es decir, son sorprendidos discutiendo y ambicionando los primeros puestos; es que todavía no habían entendido a Jesús; lo van a entender por fin cuando el Señor les dé la última lección magistral, cuando les lave los pies en la Última Cena.
También ahora les da una lección plástica; hay que estar frente a los demás con una actitud de servicio y amor. Un discípulo debe cuidar con especial esmero a los más débiles y despreciados, como lo hiciera Jesús con los niños.
Jesús nos enseña una nueva Sabiduría; la primacía en la Iglesia la lleva el servicio. Quien más sirve, quien mejor sirve, con mayor amor, ese será el primero. Así lo hizo Jesús entonces; así lo hace también ahora, en esta Eucaristía.
¡Qué bien entendió esto el bienaventurado Francisco cuando al escribir una carta a sus hermanos les decía: “Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones (Sal 61,9); humillaos también vosotros para que seáis ensalzados por él (cf. 1 Pe 5,6; Sant 4,10). 29Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero”. San Francisco escribió esto dirigiéndose a los sacerdotes de la Orden, que tiene que tratar con la Eucaristía. ¿Y nosotros qué? Recojamos la lección.
Hno. Pastor.