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Homilia para la Eucaristía del domingo 01 de septiembre de 2024.

DOMINGOXXII DEL CICLO B.

Deuteronomio 4,1-2.6-8: Moisés exhorta al Pueblo a cumplir la Ley de Dios, expresión de la Voluntad de Dios. De esto dependerá el ingreso a la Tierra Prometida y la presencia de Dios en medio de su Pueblo.

Santiago 1,17-18.21-22.27: De Dios procede todo lo bueno y de Él procede la vida nueva engendrada en nosotros por medio de su Palabra, la que hemos de hacer vida.

Marcos 7,1-8.14-15.21-23: Postura de Jesús frente a la Ley y las leyes religiosas. El Evangelio nos presenta el verdadero alimento de Dios: la Palabra que alimenta y purifica.

1.- Israel comenzó a ser Pueblo nuevo, Pueblo de Dios al aceptar la Alianza. Por eso el texto del Deuteronomio exhorta a vivir de la Voluntad de Dios, haciéndole caso a Dios. Esto es lo fundamental, ya que obedecer a Dios conduce a la vida; por eso, la Ley es un camino de vida dichosa. Si el Pueblo anda por este camino de vida podrá ingresar a la Tierra Prometida y también tendrá la garantía de la presencia de Dios en medio. Porque Dios se hace presente en la persona o grupo que vive la Voluntad de Dios. 

Es por eso que se suele cantar: “Tu Palabra me da vida”, y el salmo 118 dice: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos”. El que camina en la noche sin una linterna nada ve, es como un ciego. Lo mismo sucede al que no conoce la Palabra de Dios, está ciego. Por eso dice el texto que Israel, al vivir la Palabra, será objeto de admiración, ya que es un Pueblo sabio, diferente = Santo.

2.- La Palabra de Dios se hizo hombre en Jesús. Él es el que da vida. Quien acepta a Jesús por medio de la fe, es engendrado por Dios, se le da una vida nueva. Porque de Él viene la vida y nada malo procede de Dios.

Renacidos como somos por el agua y la Palabra, se supone que, como el antiguo Pueblo de Dios, debemos vivir la Palabra, hacerla vida en nosotros. Quien vive la Palabra tiene a Dios y camina en la luz.

La carta de Santiago insiste mucho en esto porque, como  ya lo hemos dicho, sin la Palabra de Dios, sin su vivencia, caminamos a oscuras como a tientas.

3.-  Todo ser humano busca a Dios, es algo natural. Los entendidos hablan del “Homo religiosus” que hay en cada uno de nosotros. Existe, por decirlo así, un “Teotropismo”, una búsqueda de Dios. De allí el rol de la religión. Pero sin la luz, sin la Palabra de Dios, la religión ofusca, se torna peligrosa. La religión puede conducir a la muerte, puede enceguecer a la persona, la que se torna fanática.. Por eso con toda razón Santiago nos dice lo que acabamos de escuchar: “La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en contaminarse con el mundo”.

Tanto Moisés, en la primera lectura, como Santiago, en la segunda, nos exhortan a vivir la Palabra de Dios, ya que Ella es la expresión de la Voluntad de Dios.

4.- Jesús, presencia tangible de Dios entre nosotros, es quien nos ha hablado. Él tiene una postura muy clara frente a la ley religiosa y tradiciones religiosas.

En domingos anteriores la Palabra nos mostraba cómo Dios alimentó y sigue alimentando a su Pueblo: “Yo soy el Pan de la vida”. Hoy nos está diciendo que lo único que nos salva  y nos hace limpios es aceptarlo a Él, vivir lo que nos enseña.

La religión es buena, pura y santa cuando es expresión de la Voluntad de Dios, cuando la Palabra ilumina la búsqueda de Dios, búsqueda que culmina en un Encuentro, en una Comunión con Dios, como lo vamos a significa en esta Eucaristía, pero también en un encuentro con el hermano.

Hno. Pastor.