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Homilía para la Eucaristía del domingo 19 de mayo de 2024.

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS.

Hechos 2,1-11: Pentecostés, fiesta de la Alianza de Dios con su Pueblo en el Sinaí; allí comenzó Israel a ser Pueblo de Dios. Con la venida del Espíritu Santo nace un nuevo Pueblo de Dios, que abarca a todos los hombres.

1Corintios 12,3-7.12-13: La Comunidad está gobernada por el Espíritu Santo. Todo es obra de Él, desde el reconocer a Jesús como el Señor hasta los distintos dones que de Él hemos recibido.

Juan 20, 19-23: Jesús Resucitado comunica su Espíritu, con el que les da a sus discípulos una nueva vida, que trae la paz y el perdón.

1.- Celebramos un gran misterio: la venida del Espíritu Santo. Ya en el A. T. se había anunciado y prometido que con el Mesías Dios regalaría su Espíritu generosamente a todos. ¡Por fin termina la sequía espiritual en el mundo! Llega la copiosa lluvia del Espíritu Santo; Dios mismos se da a todos. Dice el evangelio de Juan que Jesús en la cruz, “inclinando la cabeza, entregó el Espíritu” (19,30). Ya todo está cumplido, puesto que Él realizó lo que el Padre le había encomendado: una nueva creación.

Dios, después de liberar a su Pueblo, hizo con él una Alianza, de modo que ahora es el Pueblo de Dios. Del mismo modo, ahora, al librarnos con su muerte, hace una Nueva Alianza, la que sella con su Espíritu. Somos bañados, sumergidos, santificados por el Espíritu Santo. Jesús nos regala su Espíritu para que tengamos vida nueva y en abundancia.  De hecho, según el texto, los transforma. A los que tenían miedo les da valor. A los que no eran hijos los hace nacer como hijos de Dios. A los que no eran pueblo de Dios ahora son Pueblo elegido de Dios. Porque Dios está siempre recreándolo todo.

2.- Más aún, es el Espíritu el que gobierna a la comunidad de los creyentes. Dice el Apóstol que le da sus dones que han de fructificar en la comunidad. Esta comunidad de Corinto se manifiesta como una comunidad llena de carismas que la vivifican. En ella bulle el Espíritu Santo. Y se nota. San Pablo compara a la comunidad a un cuerpo lleno de vida. Y si la comunidad tiene vida es porque tiene vida en el Espíritu.

3.- Sin embargo hay un problema; hay una tremenda división entre ellos.  Muchos y diversos dones, pero mal administrados. Cada uno se apropia de su propio don y no lo pone al servicio de la comunidad. Y los dones del Espíritu Santo son para común utilidad y no para provecho personal. Y sucedía esto porque reinaba el individualismo. La imagen del cuerpo humano es muy ilustrativa. Los distintos miembros del cuerpo están en comunión porque están todos animados de un mismo espíritu de vida. Lo mismo sucede en la comunidad. A todos nos anima el mismo Espíritu. Dice el texto: “Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo y todos hemos bebido de un mismo Espíritu”.

4.- Jesús comunica, entrega, regala su Espíritu para que con Él tengamos vida. Al poseer el Espíritu de Cristo llegamos a ser de Cristo. Y al contrario, “si uno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él”(Romanos 8,9).

Los Apóstoles bien comprendieron esto y  por eso se preocupaban que los bautizados recibieran el Espíritu Santo para que fueran en verdad propiedad del Señor. Y porque somos propiedad del Señor somos marcados con el sello del Espíritu Santo.

Por eso la vida de un discípulo debe ser conducida por el Espíritu Santo, que es Señor y dador de vida.

Sin el Espíritu Santo no hay Iglesia, sino una mortecina institución; no hay vida cristiana, sino un conjunto de prácticas religiosas inconexas con la realidad; no hay oración, sino monótonos balbuceos y largas oraciones sin vida; Cristo sería simplemente un personaje del pasado, pero gracias al Espíritu Santo Él sigue estando vivo y presente en nuestro mundo. Con el Espíritu Santo todo es una hermosa realidad, ya que el Espíritu del Señor lo repleta todo. En la Eucaristía se nos hace presente Jesús y nos trae la paz, su Espíritu y el perdón. Gocemos de esta presencia  llena de gracia que el Señor nos regala.

Hno. Pastor.