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Homilía para la Eucaristía del domingo 31 de octubre de 2021

Paz y Bien a todos.

DOMINGO XXXI DEL AÑO. 

Deuteronomio 6,1-6: Una proclamación de fe: Dios es el único Señor. De aquí se desprende el principal precepto que es preferir a Dios. Preferencia que se expresa con el verbo Amar. Un amor radical y totalizante. 

Hebreos 7,23-28: el sacerdocio de Cristo es superior a otros sacerdocios porque Él es perfecto y porque realizó su sacrificio una vez para siempre. Sacrificio que es Él mismo. 

Marcos 12,28-34: Jesús aclara cuál es el primero de los Mandamientos en su doble dimensión: a Dios y al prójimo. 

1.- Lo que a nosotros parece tan claro y obvio a veces se pierde de vista. Así, la pregunta del escriba no está demás. En la religiosidad judía de entonces unos enseñaban que el principal mandamiento era el descanso sabático, otros que la alabanza a Dios y compasión con el prójimo. Ya se sabe que tenían 603 preceptos, unos fáciles y otros difíciles. 

Jesús vuelve a poner las cosas en su lugar; para esto se vale y remite al Deuteronomio, texto que hemos escuchado.  Jesús le recita al escriba el “Shemá Israel” = “Escucha Israel”, que es la profesión de fe de un israelita. Porque el Señor, es decir, Yahveh, es uno, debe ser preferido.  Al autor no le interesa afirmar si hay no hay otros señores. Lo importante es que, para Israel, el Pueblo de Dios, Yahveh es su Señor. Lo mismo que en el matrimonio. Podrá haber muchos hombres, pero para la esposa uno solo es su marido. Y a este único hay que preferir, lo que se expresa en el amor fiel. Es in amor diferente. ¿Y en qué se ha de notar que es diferente? 

2.- Lo dice el texto: “lo amarás con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas”. Entrando un poco en detalles: corazón = desde lo más íntimo de tu ser, allí donde tú tomas tus decisiones; alma = con toda tu vitalidad y energía, es decir, tal como eres; fuerzas = con todo lo que posees. De modo que nada se escapa, nada es excusa para no amar a Dios, ni las cosas, ni los quehaceres, ni mis tendencias y pasiones, tal como soy. Porque Él es el Señor, el que nos salvó. Por eso hay que preferirlo a Él en todo y con todo. 

Jesús completa esta visión poniendo junto a este mandamiento el amor al prójimo, que también será diferente, ya que el Señor amplía el horizonte. En Lucas 10,25-37, se narra lo mismo que acabamos de escuchar, pero Jesús explica cómo amar al prójimo: como el samaritano. He aquí lo fundamental de la vida de un creyente. 

3.- “Los muchos árboles impiden ver el bosque”. A veces corremos el riesgo de eclipsar lo fundamental atosigándonos con preceptos, ritos y formas religiosas. 

Dios dice en el texto del Deuteronomio: “Graba en tu corazón estas palabras”. Cierto, no hay que olvidar que Dios es solamente uno y a Él tenemos que amar, junto con nuestro prójimo. El ser humano se vale de signo y actos externos que le sirven para tener siempre presente a Dios. Pero todas estas expresiones externas no tendrían sentido sino son una expresión de la actitud de la persona. Sin esto, se corre el riesgo de cumplir por cumplir, para quedar tranquilos. Eso es fariseísmo. Y el Señor nos quiere auténticos e íntegros. Cuidémonos mucho de conformarnos con exterioridades. Caería sobre nosotros el reproche de Isaías que dice: “El Señor ha dicho: Este pueblo se acerca a mí con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene no es más que un precepto humano, aprendido por rutina”. (Isaías 29,13). 

4.- Jesús dijo al escriba: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Cierto, no estaba lejos del Reino porque estaba bien ubicado, había captado por dónde pasa el Reino de Dios: por la vivencia total de amor a Dios y al prójimo. Eso es buscar el Reino de Dios y su justicia, porque eso quiere el Señor. 

La religión muchas veces hace pelear y provoca divisiones; el Reino de Dios, en cambio, no consiste en comida ni en bebida, (ni en trajes ni en ritos), sino en el don de Dios que nos hace justos, en paz y alegría en el Espíritu Santo. 

Buena lección nos da hoy el Señor. Hoy aquí renovamos nuestra Alianza bautismal con el Señor. Hoy a nosotros dice el Señor: Escucha, Pueblo mío, Iglesia mía, ama totalmente a tu Dios y a tu prójimo. Y así serás más perfecto, como lo fui Yo al cumplir la Voluntad de mi Padre. 

Hermano Pastor Salvo Beas.