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Homilía para la Eucaristía del Domingo 15 de agosto de 2021.

A todos proteja la Virgen Santísima.

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN 

DE LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA. 

Apocalipsis 11,19; 12,1-6.10: Enfrentamiento de dos personajes: la Mujer y el Dragón rojo. La mujer es el Pueblo de Dios del que nace el Mesías (Israel-la Iglesia). El dragón significa los poderes hostiles al Mesías, al Pueblo de Dios. La mujer huye al desierto, es decir, Dios protege a su Pueblo. 

1Corintios 15,20-27: en el texto leído Pablo se refiere a la resurrección de los cristianos que se basa en la Resurrección de Cristo. Él fue el primero, después nosotros. 

Lucas 1,39-56: Escena en la que se produce un encuentro doble: María-Isabel; Jesús-el Bautista. El himno de acción de gracias recoge y resume toda la obra salvadora de Dios para con su Pueblo, para con  María, que encarna al Pueblo de Dios. 

1.- Si partimos por lo que dice el Cántico de María, vemos que Dios es quien salva, el que hace maravillas. Las hizo con su Pueblo, las hizo con María, como las hizo con su Hijo Jesús, a quien rescató de la muerte y le dio el Nombre sobre toso nombre: Jesucristo es el Señor. Ya sabemos que el Misterio de Cristo se resume con una sola palabra: KENOSIS = anonadamiento, como muy bien lo expresa la carta a los Filipenses2,5-11. Sabemos y creemos que Cristo, siendo Dios, se anonadó, se hizo obediente hasta la muerte de cruz. Por eso Dios actuó e hizo maravillas en Él resucitándolo y exaltándolo. Este es el Misterio de Cristo que creemos, vivimos y celebramos. 

2.- María, la Madre, es la que mejor vivió el Misterio de Jesús; por eso podemos hablar de la “Kenosis” de María. También Ella fue obediente a Dios. Ella con su sí contribuyó con el Plan de Dios. Ella vivió en carne propia el anonadamiento. Callada, sin comprender, vive y acompaña a su Hijo, desde que lo perdió allá en Jerusalén hasta que lo perdió a los pies de la cruz. Ella sabe por experiencia lo que es el sufrimiento y también la salvación, y lo reconoce: “Él miró con bondad la pequeñez de su servidora”. 

Si Cristo es el Servidor de Dios exaltado hasta llegar a ser el Señor, María es la Servidora del Señor exaltada y llamada a participar de la gloria de su Hijo.  Si Ella es grande lo es por su identificación con el Misterio de Cristo, al que estamos todos nosotros llamados a participar y vivir. 

3.- El signo del Apocalipsis es real y actual. Los poderes del mal siempre han asechado a la Iglesia y a cada uno de los cristianos. No es de extrañar; esto ya lo había anunciado el Señor. Que por su causa siempre habría persecución contra sus discípulos. Y así es; también hoy ha habido persecuciones y muertes de muchos cristianos en países que parecían cristianos. Y esto trae miedo y desaliento a muchos cristianos, a muchas comunidades. Es que el mal se reviste  de distintas formas y siempre causa el mismo daño. Pero la Palabra, el Misterio  que estamos celebrando, nos alientan a seguir firmes en el camino del Señor. Y María es modelo de creyente, de discípulo. Su vida nos enseña a ser fieles. 

Dice el Apocalipsis que la mujer fue llevada al desierto, es decir, fue liberada del dragón. Como Iglesia también nosotros pasamos al desierto, allí el Señor nos alimenta. 

4.- María corrió la suerte de Cristo. También el discípulo debe correr la  suerte de Cristo. De hecho, con Cristo morimos y resucitamos. Él fue el primero en resucitar. María también fue resucitada y glorificada. Y es lo que la Iglesia toda espera alcanzar un día. 

Hoy es domingo, Día del Señor, en el que celebramos su Pascua, su Resurrección. Y hoy celebramos también la Pascua de María, su triunfo, su glorificación. En verdad, el Señor ha hecho maravillas.  Por eso hacemos Eucaristía, por eso alabamos al Señor y contemplamos a su lado a la Reina y Madre de todos nosotros.  Con toda la Iglesia, con Isabel,  le decimos: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús!” A quien sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos. 

Hermano Pastor Salvo Beas.