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Homilía para la Eucaristía del domingo 08 de agosto de 2021.

Un cordial abrazo de Paz y Bien.

DOMINGO XIX DURANTE EL AÑO. 

1Reyes 19,1-8: El peregrinar de Elías, que es todo un símbolo. Hay tres momentos: la huida para salvar su vida; luego un camino sin rumbo por el desierto; por último, fortalecido, la huida se transforma en peregrinación hacia la montaña santa. 

Efesios 4,30-5,2: La vida nueva del cristiano se autentifica por la vivencia del amor; así se asemeja a Cristo. 

Juan 6,41-51: Continúa el discurso del Pan de vida. Los judíos rechazan a Jesús, la murmuración reemplaza a la fe. Por eso no ven en Jesús su origen divino. Pero Él insiste: es el Pan de vida y hay que comerlo. Así Él asegura vida plena. 

1.- La figura de Elías es muy elocuente; él es el campeón del Yavismo, es decir, que sólo Dios es el Señor y no hay otro. Camina hacia la montaña de Dios, lugar de la Alianza. Fue allí donde Dios selló la Alianza por medio de Moisés. Y más tarde Moisés y Elías estarán con Jesús en su Transfiguración. 

El caminar de Elías es el de todo creyente que pasa por altibajos: miedo, hastío, cansancio, hambre, sentido de culpa. Pero Dios lo alimenta para que pueda seguir su camino. Es un volver a las fuentes de la fe, para servir mejor al Señor. 

2.- Es un caminar poco romántico porque la senda es estrecha y cansadora. Hace tiempo que se nos está diciendo que nuestra vida de fe debe ser sinodal. La espiritualidad cristiana es sinodal. Sinodal significa caminar juntos. Porque la vida cristiana no es solitaria, ni individualista, sino sinodal. Es un caminar con: el Papa, el obispo, el párroco, el hermano, la comunidad. No es bajo el Papa, bajo el obispo, bajo el párroco, sino con el Papa, el obispo y el párroco. Eso es un sentido de comunión. Por eso san Pablo nos dice hoy que debemos imitar a Cristo practicando el amor. Y muchas veces este amor tiene que ser heroico, porque, felizmente, no todos somos iguales. Y al no ser iguales se producen roces entre los miembros de una comunidad, sea esta la comunidad que sea. Tenemos que caminar juntos, aunque no nos guste el pastor, la comunidad, el hermano. 

3.- Por experiencia sé que esto cansa y, como Elías, nos echamos a morir. No queremos más guerra. Preferimos encerrarnos en nosotros mismos. La cultura del individualismo es la que más daño hace a nuestra identidad de cristianos. ¡Cuántas veces preferimos una espiritualidad individualista e intimista y así pretendemos sentirnos tranquilos. El auténtico cristiano es aquel que se asemeja a Cristo, “que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios”. Nuestra vida tiene que ser una ofrenda y sacrificio a Dios (cfr. Romanos  12,1) Y la mejor ofrenda es nuestro corazón contrito, que sale de sí mismo para servir a los demás. 

4.- Dios dijo a Elías y hoy a nosotros: “¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho que caminar!”  Existen cristianos espiritualmente anoréxicos. So pretexto de una extraña vida espiritual se aíslan  y no comen. Se aíslan de la comunidad y no se alimentan del Señor, de su Palabra, de su Cuerpo y Sangre. Y Jesús hoy nos insiste: “Yo soy el Pan de vida”. 

Ya sabemos que por la fe nos alimentamos de Él: “Les aseguro que el que cree tiene vida eterna…y el Pan que Yo daré es mi carne para la vida del mundo”. De modo que nos alimentamos del Señor aceptándolo por la fe y comiendo su Cuerpo y bebiendo su Sangre en la Eucaristía.  Si no nos alimentamos de Cristo ¿de qué nos estamos alimentando? Tal vez de falsas devociones y espiritualidades que sólo calman la sed de religiosidad natural, pero no la fe en Cristo. Por eso hay muchos cristianos desfallecidos, débiles, que no quieren caminar. Qué importante es, entonces, el tomar fuerzas para ir al encuentro del Señor. Y en la Eucaristía se produce este encuentro reparador.  Por eso, hermano, GUSTEN Y VEAN QUE BUENO ES EL SEÑOR. 

Hermano Pastor Salvo Beas.