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Homilía para la Eucaristía del domingo 05 de julio de 2020.

Un cordial saludo de Paz y Bien. Y que el Señor los proteja.

DOMINGO XIV DEL AÑO.

Zacarías 9,9-10: Texto de un profeta después del destierro; por eso, nada de triunfalismos. Nada se espera de los medios humanos. Se anuncia a uno que trae la paz no por medio de aparato bélico, sino cabalgando sobre un asno = paz.

Romanos 8, 9.11-13: Dos principios internos que rigen la vida del cristiano: la carne – el Espíritu. El texto insiste en una existencia en Cristo bajo la novedad del Espíritu Santo, que genera una vida nueva, la vida cristiana.

Mateo 11,25-31: En Jesús se cumple lo de Zacarías: Él es el manso y humilde corazón, amigo de los humildes.

1.- Israel tuvo una experiencia nacional terrible: el exilio. Esta trágica experiencia les cambió la visión de la vida. Antes del exilio tenían una mentalidad triunfalista, se fiaban de su poderío militar. Lo mismo que los romanos, quienes sostenían el dicho: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Después del destierro cambia todo; se subraya el carácter humilde y manso del futuro rey. Se desecha el aparataje de los reyes y se adopta un lenguaje sencillo. El que viene ya no entra a la ciudad como lo hicieron los reyes, con gran boato, llevando en su comitiva a los cautivos de guerra.  No. Ahora viene con un aspecto sencillo, humilde a proclamar la paz entre las naciones, cabalgando sobre un asno. Todo el texto de Zacarías respira otra mentalidad, que contrasta con la mentalidad judía, humana.

2.- Desde otro punto de vista, el Apóstol san Pablo nos presenta dos formas de vida: la de la carne y la del Espíritu.

Vivir según la carne, es decir, dejarse conducir por una mentalidad puramente humana, la que se podría sintetizar con el dicho: “El hombre vale por lo que tiene, por lo que hace y produce”.

En cambio el discípulo de Cristo se deja conducir por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo hace ver y aquilatar la realidad con otra mentalidad, otra mirada, la de Cristo. Por eso, “el que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo”. Seríamos cristianos falsos, cristianos de mentira si no nos dejamos conducir por el Espíritu de Dios. Y este Espíritu de Dios  es el que nos otorga una vida nueva que exige cumplir normas nuevas que provienen de Dios.

Al cristiano, lo mismo que al israelita después del exilio, se le han abierto los ojos para ver la realidad de una manera nueva.

3.- Yo creo que al hombre actual le ha sucedido algo similar. Gracias a la pandemia se le han abierto los ojos. Se ha dado cuenta que estaba encandilado con muchas cosas, con muchas luces de bengala, y le había dado la espalda a lo esencial: la familia, la amistad, el encuentro gratuito con los amigos, etc. Pero, aun así, todavía nos dejamos conducir por criterios puramente humanos, carnales. Y es esto lo que genera toda una cultura que provoca tanta desigualdad.

El carnal valora sólo lo material y no se da cuenta que así se genera una pandemia social, de la que todos nos vemos afectados.

Hoy día preocupa más el descenso de los valores en la Bolsa, en “Wall street”, que  el hambre y la miseria de tanta gente.

4.- Pero Jesús, el Maestro, está en otra, en el camino del Espíritu. Él se alegra porque a los pequeños, a los pobres, a los sencillos y humildes se les da a conocer los misterios del Reino. De este modo Jesús revela las preferencias de su Padre: los pobres y sencillos, aptos para recibir el don de la fe.

Hoy día hay mucha gente cansada, fastidiada, agobiada, hastiada. A todos dice hoy el Señor: “Vengan a Mí…que Yo los aliviaré”. Acudamos, entonces, a Él. ¿De qué estás cansado? ¿De ti mismo, de tu matrimonio, de tu suerte? Acude a Él, te lo digo por experiencia. Yo me he cansado muchas veces de mi ministerio, pero entonces acudo a Él. Resulta.

Hoy se cumple esta Escritura que acabamos de escuchar o leer: “Mira que tu Rey viene hacia ti montado en un asno”.  No. Mira, hermano, la humildad del Señor (diría san Francisco), que viene de una manera tan insignificante: en un trozo de pan.

Acerquémonos con un corazón humilde, sencillo, empujados por el Espíritu de Dios.

Hermano Pastor Salvo Beas.