Homilía para la Eucaristía del Domingo 26 de Abril de 2020.
Paz y Bien a todos.
TERCER DOMINGO DE PASCUA.
Hechos 2,14.22-23: Valiente testimonio de Pedro: Dios resucitó a su Hijo; Jesús tiene y comunica el Espíritu a los que creen en Él.
1Pedro 1,17-21: El cristiano es un rescatado del mundo por la Sangre de Cristo, el Cordero de Dios, resucitado por el poder del Padre. El cristiano vive un Éxodo.
Lucas 24,13-35: El Resucitado se da a conocer a dos discípulos por medio de su Palabra y la fracción del Pan.
1.- Estamos en Pascua, tiempo en el que celebramos la gesta de Dios. Dios rescató a su Pueblo del poder del faraón por la sangre del cordero y lo sacó para llevarlo a la Tierra Prometida, tierra de libertad. Por eso, la espiritualidad cristiana es eminentemente pascual, la vida de fe nuestra es una vida de Éxodo permanente. Es lo que nos recuerda la segunda lectura de hoy: “Ustedes fueron rescatados de la vana conducta…con la Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha”. Por eso nuestra vida la vivimos, caminamos, con la fe puesta en el Dios que da vida, no la muerte. Y nosotros, como cristianos, creemos en el testimonio de los Apóstoles, quienes no aseguran esta tremenda verdad: “A este Jesús, Dios lo resucitó”.
2.- Somos personas siempre en camino, en Éxodo. Pero así como Israel se cansó y desalentó en el desierto, así también nosotros nos cansamos y desalentamos. Como les ocurrió a los que caminaban hacia Emaús. Van desilusionados, desesperanzados: “Nosotros esperábamos…” Es normal que como humanos nos cansemos y desilusionemos y nos den ganas de tirarlo todo por la borda. Muchas veces en nuestro éxodo somos enceguecidos por la angustia, nada vemos. No nos damos cuenta que Alguien más camina a nuestro lado. Es interesante ver cómo el Señor Resucitado, presente en medio, es capaz de aclararlo todo. Y claro, si Él, glorificado, posee la plenitud del Espíritu y lo concede a los que creen en Él , a los que lo buscan. Porque de su interior brota el Espíritu, que nosotros recibimos en abundancia (cfr. Juan 7,38-39).
3.- Hoy hay mucha gente angustiada. Angustia producida por la pandemia, pero alimentada por tanta noticia alarmante. El bombardeo aturde, no permite escuchar; enceguece, no permite ver. Angustia que ahoga a muchos. Surgen preguntas: ¿Cuándo acabará esto? ¿Por qué Dios permite todo esto? ¿Dónde está Dios? Y así muchos otros cuestionamientos. Y no nos damos cuenta que vamos caminando a ciegas, no vemos, no alcanzamos a darnos cuenta de que Él va con nosotros. Si le escucháramos nos daríamos cuenta de muchas cosas, como los Apóstoles, que al verlo comprenden todo su Misterio.
Esto es Pascua, esto es vivir la Pascua.
4.- El Señor acompañó a su Pueblo por el desierto, lo alimentó con el Maná y las codornices. Le dio a beber agua de la Roca.
El Señor acompaña hoy a su Pueblo en este caminar hacia la Tierra Prometida. Nos alimenta con el Pan, que es su Palabra (Mateo 4,4); nos da a beber de su Espíritu, porque “todos hemos bebido de un mismo Espíritu” (1Corintios 12,13). Nada nos debe desalentar; más todavía cuando sabemos que ya estamos salvados en esperanza, ya que tenemos las primicias del Espíritu que nos regala el Señor Resucitado.
Hoy el Señor camina con nosotros. Tal vez todavía no podrán estar con Él en la Fracción del Pan. Sin embargo sabemos que Él está presente. Por eso, como el salmista podemos decir: “Tengo siempre presente al Señor. Él está a mi lado, nunca vacilaré”. ¡Animémonos!
Hermano Pastor Salvo Beas.