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Homilía para la Eucaristía del domingo 22 de septiembre de 2019.

Un cordial saludo. Y que tengan un buen domingo reparador después de esta larga fiesta patria.

DOMINGO XXV DEL AÑO.

Oseas 8,4-7: Una denuncia siempre actual contra las injusticias sociales de la época; situación que se vio favorecida por la tranquilidad de un reino próspero.

1Timoteo 2,1-8: Para el cristiano es una exigencia de caridad la sincera oración, especialmente por los que gobiernan. Rezar por la autoridad = confesar que sólo Cristo es el Señor y los gobernantes no son dioses; es necesario rogar por ellos para que se salven.

Lucas 16,1-13: Se nos enseña cuál es la actitud del cristiano ante los bienes terrenales. La lección está en el verso que dice que los hijos de la luz deben imitar la astucia de los hijos de este mundo. Le siguen a la parábola tres sentencias que ilustran lo que Jesús quiere enseñar en la parábola.

1.- Hemos terminado la semana de las Fiestas Patrias. La Palabra no puede ser más oportuna y actual. Y es actual porque siempre se dan situaciones de injusticia cuando hay prosperidad económica. Y no quiero decir con esto que sea malo el progreso económico, no. En este contexto se puede dar la injusticia como fruto de la ambición; el que tiene quiere tener más, y a cualquier precio. Y es eso lo que denuncia y reprocha el profeta a la sociedad de Israel, que es capaz de pisotear al pobre. Fenómeno que se dio en la sociedad pagana, pero también en el seno de la Casa de Israel. De allí surgió el profetismo, como una forma de hacer ver de parte del Señor, qué es lo que a Él le desagrada. Dios siempre “ve la aflicción de su Pueblo” y siempre está enviando profetas: Moisés, Elías, Jeremías, Oseas, el Bautista, Jesús, el Portavoz de Dios por excelencia.

2.- Frente a esta realidad nos enseña cuál debe ser la actitud de un discípulo del Reino frente a las riquezas. Alguna vez ya se dijo: las riquezas y los bienes en sí no son ni buenos ni malos. La actitud del hombre es la que hace bueno o malo cualquier cosa.

El Señor no alaba la sinvergüenzura del administrador, sino la astucia que tiene. Bien podría decirse que un discípulo ha de ser siempre astuto. Lo dice también Mateo 10,16: “Sean astutos como las serpientes y sencillos como palomas”. Hay cristianos que creen que para ser santo hay que ser “ganso” o “menso”.

Después de proponernos la parábola encontramos tres sentencias que sirven para profundizar mejor lo que nos dice el Señor en la misma parábola. Las sentencias son:

+ “el dinero de la injusticia” = la idolatría del dinero, adorar al dios Mamón. Se debe utilizar para el bien de los demás.

+ “El que es fiel en lo poco…” = nadie es dueño absoluto de los bienes materiales; sólo se poseen en administración. Fiel es el que supo ser un buen administrador.

+ “No servir a dos señores” = considerar los bienes como si fueran un dios. El que idolatra el dinero, los bienes, todavía no sabe lo que significa ser un discípulo del Señor.

3.- No hace falta ejemplificar lo escuchado. Siempre hay ambiciosos que utilizan su astucia para tener: poder, dinero, prestigio, etc.

La ambición ha llevado a personas e instituciones a la corrupción.

La ambición hace que el hombre olvide que es un simple administrador y no dueño absoluto. Y así vemos cómo muchos roban, asaltan, matan, atropellan. Y no sólo los ladrones  que salen en las noticias. También hay quienes se adueñan de terrenos, de bordes costeros, de países, etc.  Hay muchas maneras de ser “elegantemente” sinvergüenzas. ¡Y Dios no quiere eso! Por eso siempre habrá profetas que denuncien las injusticias; “profetas ateos”, de otras religiones, que molestan al mundo con sus mensajes.

4.- Razón tiene san Pablo. Hay que rezar mucho, rezar por los constituidos en autoridad, para que sean buenos administradores de la “Cosa Pública”. Que no caigan en la idolatría del dinero, ni en la corrupción. Que se vean libres del vértigo del poder e impongan sus caprichos al pueblo.

Rogar para que Chile sea en verdad “una copia feliz del Edén”, en la que todos seamos hermanos, respetuosos de nuestra diversidad.

La Eucaristía es un anticipo de esto que creemos y esperamos. Celebremos, hermanos.

                                  Hermano Pastor Salvo Beas.